sábado, 26 de septiembre de 2026

DIEZ PREGUNTAS

 



                                                                         Hablo moluscos y nubecillas…

                                                                                             Paul Celan

                                                                            





1. ¿Cuál es tu lugar favorito para leer?

Jamás diré que la cama. Me es incómodo y ni bien empiezo a leer en ella, me quedo soberanamente dormido. Creo que tampoco lo es un sillón. Más que un lugar en casa serían realmente dos lugares: uno es el baño y el otro es mi escritorio. Pero ambos deben tener una buena iluminación, ya pasaron esas épocas en las que podía leer casi entre penumbras.

Un recuerdo viene a mí: cuando niño me iba al Malecón de los Ingleses y me tumbaba en el pasto, allí me abandonaba a las fascinantes historias de los “chistes” (hoy los llaman cómic).

2. ¿Qué bebida prefieres para leer?

El café, sin lugar a duda: recién pasado, aromático y humeante, algo amargo y con esa acidez leve que tanto me gusta. No hay nada, o, mejor dicho, son muy pocos los placeres que se pueden comparar con el acto de leer mientras se va degustando lenta, pausadamente el líquido oscuro del siempre bienvenido café. Detesto el café en lata, el instantáneo, me parece ofensivo su sabor artificial, su acidez me hace pensar en un limón de plástico. No sabría explicarlo, pero su inmediatez lo torna sospechoso, intrascendente, vacío. Preparar una taza de café implica muchas cosas: buen ánimo, paciencia, gusto, cariño, amor: es todo un rito del que carece ese café artificial que no me dice nada, nada importante quiero decir.

Debo reconocer que no me atraen el té ni otras bebidas aromáticas como el anís, la manzanilla, la hierbaluisa.

3. ¿Qué tipo de libros no leerías?

Creo que los libros de autoayuda. No me interesan en lo más absoluto. Me parece que son libros preparados a propósito para lograr grandes ventas a costa de gente incauta que necesita leer contenidos supuestamente sabios, profundos, que le enderecen la vida. En lo más mínimo despiertan mi atención aquellos libros que tienen respuestas para todo. Esa sabiduría epidérmica me repele, la quiero lejos de mí. Sé que hay quienes adoran esos libros de supuesto crecimiento personal, conmigo no van. Si de algo estoy seguro es que nunca habrá en mi biblioteca un libro de Paulo Coelho codeándose atrevidamente con Pedro Páramo, Rojo y negro, Los miserables, Conversación en la Catedral, País de Jauja o Los ríos profundos, nunca, por lo menos no en mi biblioteca.

4. ¿Qué frase te inspira o emociona de un libro que hayas leído?

Cuando adolescente descubrí en Veinte poemas de amor y una canción desesperada, del torrencial Pablo Neruda, esta antítesis del poema XX: “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”. Esos versos y otros convirtieron al chileno, por entonces, en un dios, luego sería desembarcado por César Vallejo, Fernando Pessoa, Paul Celan, Wallace Stevens y otros nombres más concentrados y menos aluviónicos.

Estoy recordando un par de versos de Escrito a ciegas de Martín Adán: “Si quieres saber de mi vida, / Vete a mirar al mar” o las primeras líneas del Manifiesto del Partido Comunista: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo…”. En realidad, son varias las citas, pero con estas tres son suficientes.

5. ¿Hay alguna lectura de la que te arrepientas?

Creo que ninguna, todo lo que he leído me ha servido, me ha alimentado, si por ahí hubo alguna lectura que no me agradó la he saludablemente olvidado. Cervantes decía: "No hay libro tan malo que no tenga algo bueno". Creo que es pertinente la cita.

6. ¿Cuál es el personaje de ficción con el que probablemente hubieras salido?

Difícil la respuesta. Me pongo en el plano de la ficción. Solo sé que tendría que ser femenino. Pensé en Naná, pero el peligro que se corre con ella es altísimo, aparte que no sé si yo estaría a la altura de sus expectativas monetarias. Luego pensé en Natasha Rostov de Guerra y Paz, hasta en Luisa de El primo Basilio, pero, creo que sería divertido salir con Nadia, personaje del cuento Una bromita del maese Antón Chéjov.

7. ¿De qué personaje de ficción te gustaría ser amigo en Facebook u otra red social?

Creo que de Pierre Bezújov, el protagonista de Guerra y Paz. Sería interesante leer sus estados.

8. ¿Cuál es tu mejor defecto?

¿Mejor defecto? Suena raro. Mencionaré uno, ni mejor ni peor. Otros debo tener, y de hecho los tengo, pero quiero mencionar a mi ironía que a veces puede resultar filuda hasta la exageración, tan exagerada que sin desearlo (o deseándolo) puedo herir. En mi defensa he de decir que esa ironía también me la aplico sin compasión. Pero eso no me exime de las consecuencias de mis excesos irónicos, de mis "comentarios irónicos", como suelo llamarlos.

9. ¿Qué canción deberían poner en tu velorio?

Alguna vez pensé en eso, barajaba posibilidades, pero caí en la cuenta de mi ingobernable timidez: soy tan tímido, me dije, que dudo mucho que esté presente en mi velorio. Suena irónico y medio ingenuo, sin embargo, algo de cierto hay en lo que digo: soy tímido. Pero si se trata de mencionar alguna canción, creo que más que canción, preferiría un disco completo: Abbey Road de The Beatles, The Queen Is Death de The Smiths, por ejemplo, o alguna pieza musical del músico que más admiro, me refiero a Johannes Brahms, podría ser el Trío para Clarinete, Violoncelo y Piano en A-Menor, Op. 114, por mencionar una de sus obras. Tal vez escuchándolas me atreva a regresar (a mi velorio, digo), confiado y tranquilo, ya que la música siempre ha sido mi casa.

10. ¿Qué crees que hay después de la muerte?

Supongo que una gran aventura. Me gustaría irme al cielo, pero como bien dice Augusto Monterroso: “Lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve”.





 

   Continuará…

 

 

                                        Morada de Barranco, 26 de setiembre de 2026




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