En invierno
caen al mar los gritos de los semáforos…
Luis Buñuel
Un perro andaluz (1929), La edad de oro
(1930), Los olvidados (1950), Él (1952-1953), Ensayo de un crimen (1955),
Viridiana (1961), El ángel exterminador (1962) son
algunas de las películas de Luis Buñuel que más disfruto y aprecio. Cada que
puedo acudo a ellas y me sirve para confirmar la actualidad de las películas de
este genio del cine: no envejecen, van con los tiempos. Estoy seguro de que así
será siempre.
A Buñuel siempre lo caracterizó su humor
negro, corrosivo, su espíritu superrealista que jamás abandonó, su ateísmo que
lo llevó a asumir una actitud desafiante y provocadora contra la iglesia
católica, o sus ataques a los burgueses, a los fascistas (con Franco a la
cabeza) o todo aquello que fuera sinónimo de establecido y políticamente
correcto.
Este año se cumplen cuarentaitrés años de su
muerte, pero Buñuel sigue más vivo que nunca, es de esos hombres que han sabido
vencer a la muerte sin conceder un ápice a cambio de algo. Buñuel siempre fue
el eterno iconoclasta. Con él no calza esta frase: “De joven incendiario, de
viejo bombero”, él siempre anduvo entre llamas sin chamuscarse y repartiendo
ese fuego “generosamente”. Así vivió, inclaudicable, por eso fue peligroso, a
pesar de que nunca tuvo las cosas fáciles, siempre convivió con el fuego.
Bastaría con recordar cómo tuvo que
abandonar España luego del triunfo de los fascistas y ultracatólicos
nacionalistas, cómo una vez instalado en los Estados Unidos, renunció a un
trabajo que le aseguraba una vida tranquila y cómoda por ser sospechoso de
simpatías izquierdistas y por su ateísmo que jamás disimuló y que con su típico
humor pregonaba: “Soy ateo, gracias a Dios”. Bastaría con recordar que tuvo que
emigrar hacia un país donde, a pesar de las grandes dificultades, realizaría
algunas de sus más grandes películas: hablo de México, su segunda patria. Como
Orson Welles, otro de los genios incomprendidos del cine, Buñuel anduvo durante
un buen tiempo en la búsqueda de un lugar donde hacer lo que más le gustaba:
películas que serían (y son) como una piedra en los zapatos.
En estos últimos meses he vuelto a visionar
algunas de esas películas de su etapa mexicana. He aquí ese puñado de
películas.
1. Corría el año 1962 cuando el director español, radicado en
México, Luis Buñuel estrenó una de sus mejores películas: El ángel
exterminador. Un largometraje que contó con algunos de los más conocidos y
renombrados actores y actrices mexicanos (Silvia Pinal, Jacqueline Andere,
Claudio Brook, Augusto Benedico...).
El ángel
exterminador desarrolla una historia de corte
surrealista, un filme donde el director español se permite mostrar en toda su
ridiculez a un grupo de aristócratas, que luego de un espectáculo de ópera, van
a la mansión de uno de ellos para una cena. En tanto van llegando los dueños de
la casa y sus invitados, algunos de los empleados van abandonando
misteriosamente la mansión, solo se quedará en muestra de lealtad a sus
patrones el mayordomo. En la cena se producirán diálogos y discursos cargados de
humor negro (muy propio del surrealismo) donde los personajes muestran una
frivolidad y superficialidad que muchas veces está disimulada o camuflada por
las apariencias y una moral endeble.
Terminada la cena,
ocurre inexplicablemente un hecho: nadie de los que están en el comedor de la
mansión podrá abandonarla, a pesar de que varios de ellos se han despedido ya y
arguyen que no pueden quedarse por más tiempo, no podrán salir de ese espacio,
pero nada los detiene, por lo menos nada que se pueda ver. Así pasan las horas,
los días y el encierro los va poniendo en una situación límite que les hace
perder la paciencia, sus aparentes buenas formas...
Una
película extraña, extrañísima (desde el título), que nos deja una sensación de
no haber comprendido muchas cosas (y esto no precisamente como defecto). Pero
es una cinta única, enigmática, donde Buñuel puso en práctica todo su espíritu
y humor corrosivos.
2. Ensayo de un crimen es una
película de 1955 dirigida por el español Luis Buñuel luego de afincarse en la
Ciudad de México. Es un largometraje ubicado entre las cincuenta películas más
importantes del cine mexicano, por cierto, una de las mayores tradiciones
cinematográficas de Hispanoamérica.
La película es una parodia cargada de humor
negro, corrosivo, sobre un "asesino serial de mujeres". Archibaldo de
la Cruz (Ernesto Alonso) cuando es niño recibe de su madre una caja musical, su
institutriz le cuenta la historia de un rey que cada vez que quería que alguien
muriera, hacía funcionar esa misma caja musical, deseaba la muerte del enemigo
y esta sucedía. Por coincidencia, el niño hace funcionar la caja musical y
desea la muerte de la institutriz y esta muere a causa de una bala perdida.
Desde entonces queda con la idea de que puede provocar la muerte de mujeres
cercanas. Pero ocurre la Revolución Mexicana, la casa de la familia de
Archibaldo es saqueada. Ya mayor, este encuentra la caja musical en una casa de
antigüedades y la compra. Cada vez que hace sonar la caja musical, planifica la
muerte de varias mujeres, por ejemplo, la de la bella Patricia Terrazas (Rita
Macedo), la de su novia Carlota Cervantes (Ariadna Welter), cuando descubre que
tiene amores escondidos con el arquitecto Alejandro (Rodolfo Landa). Entre
tanto, conoce a Lavinia (Miroslava Stern), una hermosa joven que atrae a
Archibaldo, pero eso no quita que quiera asesinarla...
Una gran película, admirada por varios
directores de cine (uno de ellos es Pedro Almodóvar). Ensayo de un crimen,
incluso arrastra una leyenda negra debido a la muerte de dos de sus actrices
(Miroslava Stern, se suicidó a las pocas semanas del estreno, y Rita Macedo,
quien también se suicidó años después). Es, en definitiva, una gran película de
visión impostergable.
3. Cuando se estrenó Los olvidados en 1950,
la película fue mal recibida en México, muchos consideraron que denigraba a ese
país, pero cuando su director, Luis Buñuel, unos meses después obtuvo con este
filme el premio al mejor director en el Festival de Cannes de ese año, la
figura cambió. La película que había sido retirada de los cines volvió a la
cartelera convirtiéndose en un éxito.
Esta trágica historia de adolescentes
marginales se ubica en algún punto de los arrabales de la Ciudad de México.
Jaibo (Roberto Cobo) ha escapado de la correccional y se reúne con su pandilla,
entre los que se encuentran Pedro (Alfonso Mejía), Cacarizo (Efraín Arauz),
Pelón (Jorge Pérez) ..., todos ellos adolescentes que viven sin control en las
calles. Con la ayuda de Pedro, el Jaibo busca a Julián (Javier Amezcua), un
adolescente trabajador, a quien acusa de haberlo delatado a las autoridades, el
enfrentamiento termina con la muerte de este último. Pedro y Jaibo escapan. Un
personaje importante en el desarrollo de la historia es don Carmelo, el ciego
(Miguel Inclán), para quien trabaja como lazarillo otro niño abandonado, Ojitos
(Mario Ramírez Herrera). El ciego canta en las calles y también ejerce como
curandero en la casa de la adolescente Meche (Alma Delia Fuentes), por quien
siente una atracción perversa. En tanto Pedro, arrepentido por la vida que
lleva, decide trabajar para ganarse el afecto de Marta, su madre (Stela Inda),
pero el Jaibo estará siempre tras él con su aura adversa...
Una película terriblemente bella, turbadora,
que cuenta una historia de jóvenes enfrentados a una vida signada por la
miseria, el abandono, la injusticia. Un film donde Buñuel empleó con acierto
tintes del neorrealismo italiano y del surrealismo (recordemos la escena del
sueño de Pedro). Una película declarada por la UNESCO como Patrimonio histórico
de la humanidad.
4. Luis
Buñuel estrena en México Subida al cielo (1952). Dos años después de
filmar Los olvidados (una de las cumbres del cine latinoamericano) dirige esta
película algo irregular (por problemas de financiación), pero que tiene algunas
de las mejores escenas del cine de Buñuel que la hacen inolvidable. Este
largometraje inicia en el pueblo de San Jeronimito (un pueblo sin iglesia, por
cierto), ahí vive un joven, Oliverio (Esteban Mayo) que acaba de casarse con
una joven llamada Albina (Carmelita González). Su noche de bodas queda trunca
pues su madre está por morir, en vista que los hermanos de Oliverio son
ambiciosos y quieren quedarse con lo mejor de la herencia, este debe viajar, a
pedido de su madre, hacia otro pueblo para contactarse con un abogado que
redacte el testamento de la anciana. El viaje en autobús es realmente
surrealista, pasa por situaciones imposibles que el humor corrosivo de Buñuel
salva. Entre el pequeño universo de pasajeros nos encontramos con Eladio
González (Manuel Dondé), un candidato a diputado de lenguaje rimbombante que
siempre apela a su pistola sin nunca usarla, un anciano porfirista con
esperanzas de recuperar sus propiedades, un chofer irresponsable capaz de dejar
a cualquiera su carro, un vendedor de gallinas con catálogo... y Raquel (la
atractiva Lilia Prado) que acosa constantemente a Oliverio. Algunas de las
mejores escenas del film son de carácter onírico: cuando el interior del
autobús se convierte en una pequeña selva, cuando Oliverio rompe de manera
simbólica su relación edípica para abandonarse al deseo carnal muy bien
representado por Raquel. No es la mejor película de Buñuel, pero es un bello
filme.
5. Una de
las escenas icónicas del cine es aquella donde el filo de una navaja rasga el
globo ocular de una muchacha. Imagen perturbadora que pertenece al cortometraje
surrealista Un perro andaluz, estrenada en París, en 1929. Cine mudo y
en blanco y negro.
Veintidós años después, en 1951 se estrena
en México la película Susana (demonio y carne), filme dirigido
por Luis Buñuel (el mismo director de Un perro andaluz). El largometraje es un
aparente y típico melodrama mexicano. Sin embargo, no es así. Luis Buñuel,
surrealista consumado, aprovecha de esta historia para hacer tambalear y
burlarse de las costumbres y la moral de una familia ejemplar en un rancho
mexicano.
Susana (la bella Rosita Quintana) se escapa
del calabozo de su reformatorio y luego de una larga caminata llega a la
hacienda de don Guadalupe en malas condiciones. Ya recuperada y para no ser
descubierta, miente sobre su origen. Establecida en la gran casa, ella empieza
a trastornar, a quebrar la tranquilidad de esa familia ejemplar. Susana, joven
y bella, manipuladora y malvada emplea su sensualidad (recordemos cómo a cada
rato descubre sus hombros cuando está frente a los varones) para despertar la lujuria
del hijo del hacendado, del capataz e incluso del mismo don Guadalupe (Fernando
Soler), quien incluso está dispuesto a abandonar a su esposa por la bella
Susana (que es digamos una metáfora carnal del demonio).
Una película que responde a la esencia del
cine del gran Buñuel: crítico, corrosivo de la doble moral y de las
"buenas costumbres" de aquellos que las emplean solo como una máscara
para esconder su hipocresía. Magnífica.
6. Luis
Buñuel, el director del cortometraje surrealista de 1929 Un perro andaluz,
estrena en 1953 el largometraje Él, considerada por muchos como la mejor
película latinoamericana de todos los tiempos. Este largometraje filmado en
México cuenta la historia de Francisco Galván de Montemayor (Arturo de
Córdova), un hombre de gran fortuna, profundamente católico, soltero, de edad
madura y que no ha conocido hasta el momento el amor. Pero el amor llega a su
vida: en una iglesia, un jueves santo, descubre a Gloria Milalta (Delia
Garcés), una bella joven, enamorada del ingeniero Raúl Conde (Luis Beristáin)
con quien se va a casar dentro de poco. Sin embargo, desde que Francisco y
Gloria se han conocido, ha nacido entre ellos una atracción incontrolable que
lleva a que Gloria rompa su compromiso y se case muy enamorada e ilusionada con
el galán maduro. A las pocas horas de casados, esta irá descubriendo la
verdadera personalidad de quien ante todos es un hombre virtuoso, un modelo de
caballero a imitar: colérico, inseguro, injusto, manipulador, violento, celoso,
extremadamente celoso. Lo que pudo ser un bello y ejemplar matrimonio, termina
convirtiéndose en un infierno para Gloria quien es permanentemente humillada y
violentada, incluso ve que su vida corre peligro a manos de quien se supone la
ama desesperadamente, con locura.
Una gran película filmada en blanco y negro con
algunas de las escenas más inquietantes y perturbadores del cine, como aquella
en que Francisco, enfermo de celos, envuelve con una tela una hoja de afeitar,
una aguja de arriero con hilo, algodón y con dos sogas se dirige al dormitorio
de su esposa...
Continuará…
Morada
de Barranco, 15 de agosto de 2026










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