pues un niño es un cine
Alberto Hidalgo
Este verano es muy
particular. Por la presencia del fenómeno de El niño, la temperatura ha aumentado
de manera inusual, sin embargo, estamos viviendo varios días de verano nublados
y con una sensación de frío impensable en estas temporadas. Aunque el bochorno no
se aleja.
En lo personal,
estos días brumosos son de mi preferencia. Siempre me ha gustado el invierno
más que el verano. El calor de este último me agobia, me aturde, se me hace
insoportable. Barranco es un pequeño territorio cuyo espacio cobra su verdadera
personalidad cuando está cubierto por la neblina que torna fantasmal todo y a
todos.
Ese misterio nos
invade, nos habita. Barranco es un territorio de lo indefinido, de la
ambigüedad que agudiza la imaginación y la sospecha. En medio de estos días de
geografía alucinada y alucinante quiero responder a una petición: “¿Qué
películas me sugiere ver?” No me gusta correrme de estas preguntas, lo tomé
como un reto. Me di mi tiempo y preparé una lista de doce películas.
Obviamente hay más
películas que me gustan y no aparecen en esta lista de sugerencias (no he
mencionado ninguna de Alfred Hitchcock, ni de Theo Angelopoulos, ni de Krzysztof
Kieślowski, ni de Ingmar Bergman, ni de Woody allen, entre otros). Pero
son las que vinieron prontamente a mi memoria.
1. Una de las más grandes películas del Oeste de todos los tiempos es Río Bravo, película del magnífico director Howard Hawks, el largometraje fue estrenado en 1959.
La historia se ubica en el pueblo de Río Bravo donde un sheriff debe enfrentar "solo" el peligro, aparentemente solo. Joe Burdette (Claude Akins) mata con sus secuaces a Pat Wheleer (Ward Bond), amigo del sheriff John T. Chance (John Wayne). Este, en cumplimiento de la ley, apresa a Joe, a pesar de que este y sus compinches hicieron lo imposible para que esto no ocurra. Enterado Nathan Burdette (John Russell), hermano mayor de Joe y rico terrateniente de la región, decide rescatar a su hermano, para ello cuenta con los servicios de gente indeseable que rodea la cárcel donde el valiente Chance aguarda la llegada del juez. Pero el sheriff no está solo, cuenta con el apoyo del dipsómano y buen Dude (Dean Martin), el viejo y rengo Stumpy (Walter Brennan) y de Colorado Ryan (Ricky Nelson), una joven estrella del rock and roll de entonces. Los cuatro, unidos y defendiendo causas mayores como el cumplimiento de la justicia enfrentarán el ataque anunciado de los forajidos. Entre tanto, John T. Chance ha conocido a la bella Feathers (Angie Dickinson) quien no solo se enamora y despierta el amor del sheriff, sino que también está dispuesta a ayudarlo.
Un filme con mayúsculas donde Howard Hawks despliega con
maestría una historia de amistad y unión en medio del peligro. Un grandioso
wéstern cuya visión es impostergable.
2. Uno de los grandes directores de comedia italiana fue Dino
Risi. En 1962 estrenó una película titulada La escapada, largometraje
que tiene de comedia y drama.
La historia
se centra en uno de esos calurosos veranos en una Roma que parece deshabitada
(casi toda la gente ha partido a los balnearios). Un personaje llamado Bruno
Cortona (Vittorio Gassman), maneja un pequeño convertible descapotado (un
Aurelia B24) por calles solitarias y silenciosas en busca de cigarros y de un
teléfono. Al no hallar lo que busca, se detiene para beber agua y ve a Roberto
Mariani (Jean-Louis Trintignant), un joven estudiante de derecho que pareciera
que lo observa desde una ventana (en realidad estaba mirando a la chica de la
que anda enamorado). El joven invita a Bruno a subir a su departamento para que
desde ahí haga la llamada telefónica. Extrovertido y parlanchín, Cortona luego
convence a Roberto que deje de estudiar y que lo acompañe a tomar un aperitivo.
Inician entonces un recorrido que supuestamente duraría hasta la tarde de ese
mismo día, mas este se prolonga: van a restoranes y a la playa, visitan a unos
tíos de Roberto, llegan a la casa de la exesposa (Luciana Angiolillo) y de Lily
(Catherine Spaak), la hija de ambos...
La aparente complicidad de los dos personajes en realidad nos
muestra a dos seres contrastantes: Roberto es más joven, pero es tímido,
cauteloso, apocado y ve en Bruno un modelo quizá a imitar, pues este es locuaz,
mujeriego, fanfarrón, vividor, incluso irresponsable e inmaduro. Sin embargo,
en el hedonismo chocante de Bruno y en la actitud modélica de Roberto se
esconde una angustiosa soledad y a través de las aventuras que vivirán juntos,
buscarán un escape a su hastío, a su triste realidad. Un magnífico e
imprescindible largometraje.
3. Roberto Rossellini, maestro del neorrealismo italiano,
estrenó en 1948 (a poco tiempo de terminada la Segunda Guerra Mundial) la
película Alemania, año cero.
El director italiano filmó la película en una ciudad de
Berlín completamente destruida, en medio de gente que desesperada luchaba para
sobrevivir, que trabajaba para reconstruir un país que acababa de perder la
guerra. La película cuenta la historia de Edmund (Edmund Moeschke), un niño de
doce años que se ve obligado a salir para buscar comida o dinero en las calles.
En realidad, la historia de Edmund era la de cualquier alemán que había
sobrevivido al conflicto bélico. Pero Edmund no está solo, tiene una familia en
casa: un hermano mayor escondido por desertor, una hermana acusada de
prostitución a cambio de favores, un padre anciano y enfermo (sobreviviente a
dos guerras mundiales) que necesita de atención médica y de medicinas. El niño
generalmente lleva algún objeto valioso que trata de vender en las calles,
luego con ese dinero trata de conseguir comida. En su deambular se encuentra
con un personaje siniestro, un antiguo profesor suyo, el señor Enning,
sobreviviente nazi, pedófilo que consigue jovencitos para un viejo general
también pederasta. Este profesor encarga al niño la venta de algunos objetos de
procedencia nazi para que los venda entre las tropas extranjeras que las
compran como recuerdos. Los problemas acuciantes en casa, el hambre, la necesidad,
más las ideas del profesor Enning llevan a Edmund a tomar una decisión
drástica, terrible.
Una
película dura, impactante, pero que a pesar de los años transcurridos desde su
estreno, más de setenta años, no ha envejecido y se mantiene no solo como una de
las grandes películas de Rossellini, sino del cine.
4. Carta de una desconocida (1948), es una película
dirigida por un grande del cine: Max Opühls. El filme está basado en la novela
corta del mismo nombre (1922) escrita por el austriaco Stefan Zweig. La
historia central ocurre en una maravillosa Viena. Un joven y exitoso músico, Stefan
Brand (Louis Jourdan), quien incluso es comparado con Mozart, recibe una carta
anónima que empieza de esta manera: "Cuando leas esta carta, puede que
haya muerto. Si esta carta llega a tus manos, verás cómo fui tuya sin que tú
siquiera supieses que existía". Terrible. La epístola es de Lisa (Joan
Fontaine), antigua vecina, quien desde que lo conoció ha vivido enamorada de
una manera enfermiza del guapo, galante y mujeriego Brand. La película emplea
largos “flashbacks” para ubicarnos en el desarrollo de la pasión amorosa de
Lisa, personaje frágil y autodestructivo. La película podría haberse convertido
fácilmente en una historia sensiblera y llorona, pero el inteligente Opühls
supo mantener un equilibrio clásico, preciso, que le agradecemos. La
fotografía, un impecable blanco y negro, no podría estar mejor para esta
dolorosa historia de amor sin redención. Un clásico de clásicos. Impagable.
5. El cine mudo no es un
cine primitivo, desarrolló sus propios recursos expresivos para contar
historias sin casi emplear la palabra. Tuvo la desgracia que en su apogeo apareció
el cine sonoro y vino su caída inevitable.
De ese cine desaparecido, en 1923 se estrenó El hombre mosca (Safety
Last), película protagonizada por uno de los tres exponentes mayores de la
comedia: Harold Lloyd (los otros dos eran: Charles Chaplin y Buster Keaton). La
película cuenta una historia del "chico de las gafas" (Harold Lloyd)
que, en busca de un mejor futuro, abandona su pueblo y deja en él a su
prometida (Mildred Davis). Desde entonces, Harold le escribe cartas a diario
donde le hace creer que es un importante hombre de negocios y no un simple
vendedor de una gran tienda. La prometida, aconsejada por su madre, decide
viajar en busca de Harold y este se verá en serios aprietos para no ser
descubierto en su mentira. Con su prometida cerca y en el afán de cambiar su
vida, el "chico de las gafas" se atreve a escalar un enorme edificio
en medio de acciones cómicas y de suspenso por una probable caída. Esta larga
escena, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los mayores
referentes icónicos del cine de todos los tiempos (ha sido aludido en Volver
al futuro, La invención de Hugo Cabret...).
El hombre mosca es una joya por redescubrir y Harold Lloyd,
definitivamente, un grande a quien injustamente se ha olvidado.
6. En 1949 se estrenó El retrato de Jennie, película
dirigida por William Dieterle. La historia misteriosa que se cuenta en este filme
es la de Eben Adams (Joseph Cotten), un pintor que ha perdido la pasión anda
desencantado de su labor, sin rumbo. De gran ayuda será su encuentro con la
dueña de una galería, una mujer ya mayor, miss Spiney (Ethel Barrymore) quien
le comprará un cuadro y le dará algunas sugerencias con respecto a su actitud
ante la pintura; sin embargo, el hecho que dará un nuevo sentido a su vida
ocurrirá cuando se encuentre con una niña, Jennie Appleton (Jennifer Jones). El
conocerse será determinante, sobre todo para la vida del pintor, pues Jennie se
volverá algo así como su musa inspiradora. Desde el primer encuentro seremos
testigos de una atracción entre ambos, una necesidad por verse. Pero hay algo
extraño en el desarrollo de esta historia, algo que rompe toda lógica: en cada
encuentro, Jennie tiene más edad, pronto dejará de ser una niña para volverse
una bella señorita, es como si ella viviera en un mundo paralelo donde el
tiempo es más acelerado. ¿Cómo explicarlo? ¿Será que Eben (y nosotros con él)
estamos viendo a un fantasma? ¿Quizá Jennie no sea más que la imagen de la
"realidad" de alguien que ha enloquecido? ¿Eben la estará viendo
realmente o será solo un sueño al cual nos arrastra también? El retrato de
Jennie es una película de una profunda y misteriosa poesía, un filme cuya
atmósfera onírica, cargada de ambigüedades, nos engancha, nos cuestiona, nos
perturba. Es, realmente, una obra maestra cuya visión debería ser
impostergable.
7. La mujer del cuadro es un filme del año 1944,
dirigido por un grande como Fritz Lang. La película (cine noir, por
cierto) cuenta la historia de Richard Wanley (Edward G. Robinson), un profesor
de psicología en una universidad de Nueva York, quien, por asuntos de trabajo,
no podrá acompañar a su familia en un viaje de vacaciones. Ya solo, por la
noche, acude a un club donde se encontrará con dos amigos, antes de llegar al
punto de encuentro, ve en un escaparate un cuadro con el retrato de una
bellísima mujer. Queda prendado con la belleza de la retratada. Al salir del
club, regresa a ver nuevamente el cuadro y es en ese instante que, cual
fantasma, aparece junto a él la bella mujer que sirvió de modelo para el
retrato. Es Alice Reed (la siempre bella y esplendorosa Joan Benett).
Conversan, acuden al departamento de ella para ver unos bocetos, beben champán
hasta que aparece el amante de Alice. Lo que viene a continuación es una
historia tensa, propia del cine negro: se suceden asesinatos, chantajes,
disparos, suicidios, mujeres fatales que arruinan prestigios...
Una película cuya hermosa y precisa fotografía acude a los
grandes contrastes, los claroscuros que crean un ambiente opresivo, angustiante
en el que, entre otras cosas, se cuestionan principios básicos de la ética y la
moral frente a la práctica cotidiana o los deseos escondidos que se enfrentan a
los primeros. El final es realmente inesperado y... Joan Benett, más bella que
nunca. Una joya del buen y gran cine norteamericano.
8. Las películas serie B son aquellas que cuentan con bajo
presupuesto (varios filmes del western, las de ciencia ficción, las de terror y
algunas del cine noir); sin embargo, eso no impide que varias de ellas
sean grandes películas, joyas de la cinematografía mundial. Una de ellas es El
desvío (1945), dirigida por Edgar G. Ulmer.
Cuesta creer que esta gran película dure apenas 67 minutos
para contar con solidez la oscura historia de Al Roberts (Tom Neal), un joven
pianista que vive frustrado pues aspira a dar grandes conciertos y no a tocar
en bares por sueldos miserables y propinas. Entonces decide abandonar Nueva
York y viajar a Los Ángeles en búsqueda de Sue, su novia. Es un viaje largo, de
costa a costa, pero está dispuesto a todo para encontrarse con la mujer amada y
casarse con ella. Al no tener dinero para hacerlo por avión, se ve obligado a
viajar "tirando dedo". El pesimismo del personaje es notorio y dos
encuentros en la carretera definirán su vida opaca, gris: Jack Haskell Jr.
(Edmund MacDonald), un irresponsable jugador, lo recogerá en la carretera y le
promete llevarle hacia Los Ángeles. Su posterior encuentro con la terrible e
insoportable Vera (Ann Savage), la típica "femme fatale" del cine noir,
será la culminación de una vida que atrae sobre ella la desgracia, la mala
suerte, la fatalidad.
Este breve filme es de una calidad única, un tesoro de primer
orden de la cinematografía de todos los tiempos y no es exageración. Una joya
de joyas y su visión es impostergable.
9. Luis Buñuel, el director del cortometraje surrealista de
1929 Un perro andaluz, estrena en 1953 el filme Él, considerada
por muchos como la mejor película latinoamericana de todos los tiempos. Este
largometraje filmado en México cuenta la historia de Francisco Galván de
Montemayor (Arturo de Córdova), un hombre de gran fortuna, profundamente
católico, soltero, de edad madura y que no ha conocido hasta el momento el
amor. Pero el amor llega a su vida: en una iglesia, un jueves santo, descubre a
Gloria Milalta (Delia Garcés), una bella joven, enamorada del ingeniero Raúl
Conde (Luis Beristáin) con quien se va a casar dentro de poco. Sin embargo,
desde que Francisco y Gloria se han conocido, ha nacido entre ellos una
atracción incontrolable que lleva a que Gloria rompa su compromiso y se case
muy enamorada e ilusionada con el galán maduro. A las pocas horas de casados,
esta irá descubriendo la verdadera personalidad de quien ante todos es un
hombre virtuoso, un modelo de caballero a imitar: colérico, inseguro, injusto,
manipulador, violento, celoso, extremadamente celoso. Lo que pudo ser un bello
y ejemplar matrimonio, termina convirtiéndose en un infierno para Gloria quien
es permanentemente humillada y violentada, incluso ve que su vida corre peligro
a manos de quien se supone la ama desesperadamente, con locura.
Una gran película filmada en blanco y negro con algunas de
las escenas más inquietantes y perturbadores del cine, como aquella en que
Francisco, enfermo de celos, envuelve con una tela una hoja de afeitar, una
aguja de arriero con hilo, algodón y con dos sogas se dirige al dormitorio de
su esposa... Imprescindible.
10. En 1957 se estrena Senderos de gloria (también
conocida como La patrulla infernal), película de un entonces joven
director llamado Stanley Kubrick (el mismo que dirigiría Espartaco, 2001:
odisea del espacio, La naranja mecánica, El resplandor...).
La película desarrolla una historia que ocurre en plena
Primera Guerra Mundial, en Francia, año 1916. Tanto franceses como alemanes se
encuentran en las trincheras. Por presiones del general George Broulard
(Adolphe Mejou), el general Paul Mireau (George Macready) ordena al coronel Dax
(Kirk Douglas) tomar con sus hombres la Colina del Hormiguero, una posición
estratégica que está en manos de los alemanes. El enfrentamiento es sangriento,
los franceses atacan, muchos de ellos morirán, pero a pesar del esfuerzo son
repelidos, la misión ha sido un fracaso. Ante esta situación desastrosa, el
general Mireau busca salvar su prestigio, para ello decide dar cobardemente un
escarmiento ejemplar a los valientes soldados: a tres de ellos los hace
comparecer ante un Consejo de Guerra pues son acusados de cobardía ante el
enemigo. En defensa de sus soldados, surge la valiente figura del coronel Dax
quien se enfrentará a la falsa acusación... ¿Logrará el coronel Dax salvar del
pelotón de fusilamiento a sus hombres?
Senderos de gloria es una película tensa,
conmovedora y que sacude nuestras conciencias sobre el horror de la guerra y de
las injusticias que se cometen cuando se emplea de mala manera el poder que se
detenta. Una obra maestra, una joya del cine de visión impostergable.
11. El cine mudo cuenta con varias películas entrañables, de
esas que se ven cada cierto tiempo con entusiasmo renovado. Una de ellas es El
gabinete del doctor Caligari, un filme de 1920 dirigida por el alemán
Robert Wiene. Para algunos es la joya mayor de uno de los movimientos
vanguardista de inicios del siglo XX, hablamos del Expresionismo que tanta
influencia tuvo sobre el cine noir (por ejemplo, una iluminación más
compleja donde juega papel muy importante los contrastes de luz y sombra).
La historia que se desarrolla en seis actos es alucinante. El
doctor Caligari (Werner Krauss) es un hipnotizador que dirige un espectáculo
donde interviene un sonámbulo llamado Cesare (Conrad Veidt), pero el doctor es
un personaje trastornado que utiliza al sonámbulo no solo para responder a las
preguntas del público, sino para que este cometa una serie de asesinatos que
dejan atemorizados y preocupados a los habitantes de Holtenwall. Los amigos
Francis (Friedrich Feher) y Alan (Hans Heinrich von Twardowski), que andan
enamorados de Jane (Lil Dagover), visitan el espectáculo del sonámbulo en la
feria y salen aterrados porque este le ha vaticinado la pronta muerte a Alan.
Sorprendentemente, la muerte de Alan ocurre. Francis sospecha del doctor y
empieza a investigar sobre la vida del misterioso hipnotizador. Pero la
película sufre un giro argumental que dejará sorprendido al espectador: ¿está
realmente ocurriendo lo que vemos en pantalla?
Un clásico de todos los tiempos, una prueba contundente de
cómo el cine mudo casi no requería de la palabra para contar una buena
historia. Sorprenderán el maquillaje recargado, la escenografía llena de
ángulos distorsionados, líneas, curvas y espirales muy marcados, contrastes
acentuados de luces y sombras, todo ello es parte de la estética expresionista
de una película, que luego de más de cien años, no ha envejecido un ápice.
Realmente imprescindible.
12. En 1945 se estrenó Perversidad, filme del cine noir
dirigido por el gran Fritz Lang. La película cuenta la historia de Christopher
Cross (Edward G. Robinson, recordado por su papel de Datán en Los diez
mandamientos), un hombre infelizmente casado, cajero de un banco donde es
muy apreciado, dedicado a la pintura como una actividad casi a escondidas, pero
que en el fondo es lo que más ama hacer.
Una noche, el buen Christopher conoce a Kitty (Joan Bennett)
que está siendo maltratada por Johnny (Dan Duryea) y sale en su defensa. De
esta acción, aparentemente nace una amistad, aunque Christopher en realidad
está muy enamorado de la bellísima Kitty quien, en complicidad con Johnny, se
empieza a aprovechar de él, lo explota económicamente. Presionado con astucia
por la bella mujer, el ingenuo cajero se atreve a hacer cosas que perjudicarán
su dignidad en la esperanza de ser correspondido, como la cruel Kitty le hace
creer. Incluso sus cuadros, que estaban guardados en su casa, empiezan a ser
comprados y valorados por la crítica especializada, pero él no puede disfrutar
de ese éxito pues estos les han sido robados y la autoría se lo atribuyen a
otra persona.
El filme cuenta con una fotografía impecable en blanco y negro, desarrolla una
historia magníficamente narrada, de atmósfera cruel, perversa (como anuncia su
título), es uno de los mayores exponentes del cine negro. Imprescindible.
Continuará…
Morada
de Barranco, 4 de marzo de 2026
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