sábado, 28 de octubre de 2023

4 APUNTES BREVES 4

 


                                                            Solo las huellas que nunca se acaban.
                                                                                José María Eguren


I.

   Como muchas veces lo he comentado, los fines de semana (y días feriados) salimos a caminar por el malecón de Barranco. Cada tránsito es, para Rita y para mí, una nueva aventura visual, un abandono en conversaciones interminables en medio de la geografía entrañable de este pequeño territorio junto al mar, como también llamo a Barranco, mi morada.





   Hoy llegamos al paseo Sáenz Peña, hasta la banca de Mafalda quien, silenciosa (ella que es tan habladora), parecía mirar el mar y desentrañar misteriosos y oscuros mensajes venidos desde vaya uno a saber qué distancias o quizás solo navegaba complacida en esa música sin tiempo de las olas del mar que hasta ella llega.





   La contemplamos con sonrisas y agradecimiento hasta que se nos despertó la ternura: la acariciamos y hasta le hablamos y recordamos su carita de desconcierto y asco ante un plato de sopa o su amor irrenunciable por la música de The Beatles o como cuando su mamá le dice que va a salir de compras, que no le abra la puerta a nadie, y ella le responde que qué puede hacer si quien toca es la felicidad...





   En fin, querida Mafalda, bienvenida a Barranco, contigo no funciona eso de que quien va a Barranco pierde su banco...





II.

   Cuando me enteré que la poeta Louise Glück había ganado el Premio Nobel de Literatura de 2020 quedé asombrado: no la conocía. Cargado de curiosidad y afanes por adentrarme en su obra, empecé a buscar poemas suyos, información bibliográfica, biográfica, fotos, en fin, todo aquello que me alejara de tamaña ignorancia.





   Debo decir que su poesía me entusiasmó (y me entusiasma), cada texto suyo es un deslumbramiento en el que me rindo ante su palabra de aparente sencillez. Entre otras cosas me sorprendo cuando nos habla de su mundo cotidiano, interno, privado, ventilado en palabras que nos conducen hacia algo mayor que nos atañe a todos, por eso siento que en su poesía me descubro y me reconozco. Alguna vez ella escribió: "Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado”.





   Con mucha tristeza escribo ahora, sábado 14 de octubre, estas líneas. El día de ayer, la enorme poeta Louise Glück, partió con ochenta años. Un vacío sin fondo nos cubre en estos últimos tiempos: los mejores están partiendo (Milan Kundera, Cormac McCarthy...) y esa extraña sensación de fragilidad y de vacío nos invade.





   Fue Octavio Paz quien alguna vez escribió: “Todos, o casi todos, nos enamoramos; solo Garcilaso convierte su amor en églogas y sonetos. (…) El artista trasmuta su fatalidad (personal o histórica) en un acto libre. Esta operación se llama creación; y su fruto: cuadro, poema… Toda creación transforma las circunstancias personales o sociales en obras insólitas. El hombre es el olmo que da siempre peras increíbles”. Es lo que sucede con la poesía de Louise Glück. Leamos su poesía, acompañemos su aventura de indagarnos, de decirnos a nosotros mismos, es el mejor homenaje que podemos hacerle a un escritor.





EL PRIMER RECUERDO


Hace mucho me hirieron. Vivía

para vengarme

de mi padre, no

por lo que él era

sino por lo que era yo:

desde el principio de los tiempos,

en la infancia, pensé

que el dolor significaba

que no era amada.

Significaba que yo amaba.



CONFESIÓN


Mentiría si digo que no tengo miedo.

Le temo a la enfermedad, a la humillación.

Como todo el mundo tengo mis sueños.

Pero he aprendido a esconderlos,

a protegerme

del éxito: cualquier felicidad

atrae la ira de las Parcas.

Son hermanas y son salvajes.

No poseen ningún tipo de emoción,

solo envidia.



III.

   La literatura brasileña es casi una completa desconocida no solo en el Perú, también en Hispanoamérica. Hay que reconocer que ha habido un desinterés por parte nuestra (lo que parece no ocurrir con ellos) a pesar de limitar con este gigante sudamericano, de tenerlo tan cerca. Muy pocos en el Perú han leído la monumental novela "Gran Sertón: Veredas" de Joao Guimaraes Rosa. Sabemos de las novelas "Gabriela, clavo y canela" o "Doña Flor y sus dos maridos", de Jorge Amado, por las telenovelas o las películas que por las novelas mismas. Muy pocos han frecuentado la imprescindible "Memorias póstumas de Brás Cubas" de Machado de Assis... En poesía ocurre algo semejante, podríamos mencionar muchos nombres y obras (pienso en Carlos Drummond de Andrade, Cecilia Meireles, Vinicius de Moraes, Manuel Bandeira, los poetas del concretismo agrupados en "Noigandres", en fin...), pero no se trata de hacer listas largas y tediosas.





   Uno de los secretos mejor guardados de la literatura brasileña es la escritora Clarice Lispector (1920 - 1977). Novelista, cuentista, periodista, traductora..., una de esas estrellas únicas que iluminan de manera diferente cualquier firmamento. De ella recuerdo mucho un par de cuentos. Aquí me detengo y cuento: ahí donde ordeno los libros de cuentos en mi biblioteca (entre las obras de Anton Chéjov, Guy de Maupassant, Julio Ramón Ribeyro, Jorge Luis Borges, Heinrich Von Kleist, Edgar Allan Poe, Raymond Carver, por mencionar a algunos) fulgura una breve antología del cuento brasileño en el que, joven universitario aún, releí hasta casi desgastar las páginas donde estaban impresos "Felicidad clandestina" y "Mejor que arder", inolvidables cuentos de la inquietante Clarice Lispector quien solía escribir en los límites del abismo y del misterio. El primero sobre todo, es un cuento al que vuelvo cada que puedo y siempre encuentro algo que me permite indagar por espacios oscuros, por insondables profundidades (a través de personajes que son niñas), su inicio es contundente: "Ella era gorda, baja, pecosa y con el pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo...". Lo que continúa se los dejo como reto, atrévanse a leerla.





   La bella Clarice es de esos escritores que se ubica valiente y temerariamente siempre en los bordes, allí donde se alza vuelo o se cae: ella escribe e indaga bajo las superficies como virtud hasta casi volver sus textos un enigma inclasificable. He aquí unas líneas suyas:






PENSAMIENTOS


   Ya escondí un amor por miedo de perderlo. Ya perdí un amor por esconderlo. Ya me aseguré en las manos de alguien por miedo. Ya he sentido tanto miedo, hasta el punto de no sentir mis manos. Ya expulsé a personas que amaba de mi vida, ya me arrepentí por eso. Ya pasé noches llorando hasta quedarme dormida. Ya me fui a dormir tan feliz, hasta el punto de no poder cerrar los ojos. Ya creí en amores perfectos, ya descubrí que ellos no existen. Ya amé a personas que me decepcionaron, ya decepcioné a personas que me amaron.

   Ya pasé horas frente al espejo tratando de descubrir quién soy. Ya tuve tanta certeza de mí, hasta el punto de querer desaparecer. Ya mentí y me arrepentí después. Ya dije la verdad y también me arrepentí. Ya fingí no dar importancia a las personas que amaba, para más tarde llorar en silencio en un rincón. Ya sonreí llorando lágrimas de tristeza, ya lloré de tanto reír. Ya creí en personas que no valían la pena, ya dejé de creer en las que realmente valían. Ya tuve ataques de risa cuando no debía. Ya rompí platos, vasos y jarrones, de rabia. Ya extrañé mucho a alguien, pero nunca se lo dije.

   Ya grité cuando debía callar, ya callé cuando debía gritar. Muchas veces dejé de decir lo que pienso para agradar a unos, otras veces hablé lo que no pensaba para molestar a otros. Ya fingí ser lo que no soy para agradar a unos, ya fingí ser lo que no soy para desagradar a otros. Ya conté chistes y más chistes sin gracia, sólo para ver a un amigo feliz. Ya inventé historias con finales felices para dar esperanza a quien la necesitaba. Ya soñé de más, hasta el punto de confundir la realidad. Ya tuve miedo de lo oscuro, hoy en lo oscuro me encuentro, me agacho, me quedo ahí.

   Ya me caí muchas veces pensando que no me levantaría, ya me levanté muchas veces pensando que no me caería más. Ya llamé a quien no quería sólo para no llamar a quien realmente quería. Ya corrí detrás de un carro, por llevarse lejos a quien amaba. Ya he llamado a mi madre en el medio de la noche, huyendo de una pesadilla. Pero ella no apareció y fue una pesadilla peor todavía. Ya llamé a personas cercanas de "amigos" y descubrí que no lo eran... a algunas personas nunca necesité llamarlas de ninguna manera y siempre fueron y serán especiales para mí...

   No me den fórmulas ciertas, porque no espero acertar siempre. No me muestren lo que esperan de mí porque voy a seguir mi corazón! No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente soy diferente! No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira, no sé volar con los pies en la tierra. Soy siempre yo misma, pero con seguridad no seré la misma para siempre!"


IV.

   En una entrevista de 2016 o 2017 que le hicieron a Shirley Manson, la vocalista de Garbage, le preguntaron qué grupo nuevo admiraba, ella mencionó a Cigaretes After Sex. Seré sincero, nunca los había escuchado. Los busqué y la primera canción que escuche con atención y curiosidad me dejó deslumbrado, impactado (y todos los "ado" posibles), hablo de "Apocalypse". No contento con esta maravilla, seguí buscando y hallé joyas como "K", "Crush", "Neon Moon", "Heavenly", "Kiss It Off Me", "Falling In Love", "Nothing’s Gonna Hurt You Baby", "Don’t Let Me Go" y tantas canciones más. Desde entonces, cada que puedo los escucho, me llenan de una calma y una paz necesarias para enfrentar los avatares de la vida.




   Circula por internet un concierto de Cigarettes After Sex en París, un video de esos que se escuchan tantas veces se desee y nunca cansan: es, permítanme la hipérbole, como un regreso a casa, o sea, entrañable. En esta presentación se despachan con un puñado de temas que te llevan a orbitar alrededor de un predio llamado paraíso o quizás entre la flora y fauna de ese espacio habitado por ángeles, pero de esos que poseen uñas.





   Debo comentar que este grupo estuvo en el Perú, en Barranco, dieron un concierto en agosto de 2019, a dos cuadras de mi casa (en el Centro de Convenciones Bianca) y yo ni enterado, ahora los estoy esperando, mejor dicho, los estamos esperando, Rita y Kathia no son ajenas al encanto y magia de la música de Cigarettes After Sex.





   Continuará…



                                                    Morada de Barranco, 29 de octubre de 2023




jueves, 28 de septiembre de 2023

UNA LISTA DEL CINE NEGRO

 

                                                               


                                                                     Pero estas cosas deben decirse en voz baja…

                                                                                                            Martín Adán




   El cine noir o cine negro, que tuvo su auge entre los años 40 y 50, ha ejercido una indeleble e innegable influencia en el cine posterior a esas décadas. Hasta el día de hoy podemos visionar películas donde está presente algo o mucho de su estética visual y narrativa, pienso en Al final de la escapada de 1960, Chinatown de 1974, Taxi Driver de 1976, Blade runner de 1982, Seven de 1995, Heat de 1995, Fargo de 1996, L. A. Confidential de 1997, Memento de 2000, Mulholland Drive de 2001, Sin City de 2005, Drive de 2011 y una película cuya primera versión es del año 1947: El callejón de las almas perdidas de 2021, todas ellas dignas herederas del apasionante cine negro.








   Después de la década del 50, el cine noir entró en decadencia y dejó de filmarse, pero su espíritu aún pervive, bien porque podemos acudir a los herederos de su estética (el neo-noir) o porque podemos volver a los grandes clásicos de este cine del claroscuro. Una de sus características es su estética visual a través de la técnica del claroscuro o tenebrismo, una clara influencia del expresionismo alemán patente en filmes como El gabinete del doctor Caligari (1920) de Robert Wiene, Nosferatu (1922) de Friedrich Wilhelm Murnau, Metrópolis (1927) de Fritz Lang, La caja de Pandora (1929) de Georg Wilhelm Pabst o M, el vampiro de Düsseldorf (1931) de Fritz Lang (este último ya perteneciente al cine sonoro)








   Esta influencia era explicable, algunos de los más connotados directores del cine noir eran de origen alemán o austriaco, pienso en Fritz Lang, Billy Wilder, Otto Preminger, Robert Siodmak, por mencionar a algunos, que habían logrado escapar de la locura nacionalsocialista para afincarse en los Estados Unidos donde desarrollarían con éxito sus carreras cinematográficas.







   Visionar una película del cine negro es estar por lo general frente a imágenes nocturnas en blanco y negro (aunque no siempre, Que el cielo la juzgue (1945) de John M. Stahl, film a colores con las bellísimas Gene Tierney y Jeanne Crain). Destacan en estos filmes los marcados contrastes de luz y sombra para crear una atmósfera opresiva, cargada de pesimismo y muchas suspicacias: una traición acechante, un amor trágico y con tintes melodramáticos, el miedo paralizante, el descubrimiento de un oscuro secreto del pasado o una muerte sorpresiva, a veces inesperada. En fin, la fatalidad como destino ineludible, a la manera (salvando las distancias) de las tragedias griegas: muchas de estas películas no tienen un final feliz.








   Entre el humo de cigarrillos, ambientes elegantes o de los bajos fondos urbanos, entre taxistas, policías, ladrones, camareros, estafadores, asesinos y detectives, destacan dos tipos de protagonistas en el cine noir: uno es un antihéroe, un personaje signado por la ambivalencia y la falta de escrúpulos, capaz de gestos enaltecedores como de las bajezas más vergonzantes. El otro personaje, una mujer, no sumisa y humillada, sino seductora y malvada, manipuladora y fría, calculadora y descarada que arrastra a la destrucción al protagonista: la femme fatale, una mujer capaz de amar (o casi) y de tejer las más finas trampas.







   Grandes ejemplos de actrices que actuaron de mujeres fatales fueron Gene Tierney (Laura, de 1944), Joan Bennett (Scarlet Street, de 1945), Lauren Bacall (The Big Sleep, de 1946), Verónica Lake (The Blue Dahlia, de 1946), Ava Gardner (The Killers, de 1946), Rita Hayworth (The Lady from Shangai, de 1947), Gloria Grahame (The Big Heat, de 1952)…, y algunas hoy algo olvidadas como Ella Raines (Phanton Lady, de 1944), Ann Savage (Detour, de 1945), Jane Greer (Out of the Past, de 1947), Lizabeth Scott (Dead Reconing, de 1947), Peggy Cummins (Gun Crazy, de 1950) o Jean Wallace (The Big Combo, de 1955)…








   Hace dos días me topé con un film casi olvidado, me refiero a El gran Flamarion (1945), una de las primeras películas de Anthony Mann. En este film aparece una seductora y desalmada mujer fatal, para Rita y para mí, todo un descubrimiento: Connie (Mary Beth Hughes), es una despiadada mujer que provoca el asesinato de Al (Dan Duryea), su primer esposo, y astutamente conduce con engaños a la destrucción a Flamarion (Erich Von Stroheim), un solitario y enigmático actor de variedades quien, no sin antes ofrecer resistencia, cae rendido a la tentación de su bella asistente… El gran Flamarion es una de esas pequeñas joyas escondidas que de tiempo en tiempo aparecen y reafirman nuestro amor por el cine.








   Unas semanas atrás, conversaba con mi hermano Arturo sobre el cine negro, mencionábamos a ciertos actores y actrices, los títulos de algunas películas, celebrábamos sus bondades, sus recursos para nosotros entrañables, no dejábamos de echarle con justicia flores a un cine que creemos no deja de emocionar y no ha perdido vigencia. Unos días después, me pregunté qué películas recomendaría a alguien que quiera introducirse al cine noir. Esta es la lista, un puñado de treinta películas (ordenados por años) para adentrarse al mundo fascinante y misterioso del cine negro.








1. El halcón maltés (1941) de John Huston.

2. El último refugio (1941) de Raoul Walsh.

3. Tener y no tener (1944) de Howard Hawks.

4. Laura (1944) de Otto Preminger.

5. Perdición (1944) de Billy Wilder.

6. Historia de un detective (1944) de Edward Dmytryk.

7. Alma en suplicio (1945) de Michael Curtiz.

8. El desvío (1945) de Edgar G. Ulmer.

9. El cartero siempre llama dos veces (1946) de Tay Garnett.

10. El sueño eterno (1946) de Howard Hawks.

11. Forajidos (1946) de Robert Siodmak.

12. Gilda (1946) de Charles Vidor.

13. Retorno al pasado (1947) de Jacques Tourner.

14. Secreto Tras la puerta (1948) de Fritz Lang.

15. La fuerza del destino (1948) de Abraham Polonski.

16. La dama de Shangái (1948) de Orson Welles.

17. El demonio de las armas (1949) de Joseph H. Lewis.

18. Almas desnudas (1949) de Max Ophüls.

19. El tercer hombre (1949) de Carol Reed.

20. La jungla de asfalto (1950) de John Huston.

21. El crepúsculo de los dioses (1950) de Billy Wilder.

22. En un lugar solitario (1950) de Nicholas Ray.

23. Cara de ángel (1952) de Otto Preminger.

24. Cautivos del mal (1952) de Vincente Minelli.

25. Manos peligrosas (1953) de Samuel Fuller.

26. Los sobornados (1953) de Fritz Lang.

27. Conspiración en silencio (1955) de John Sturges.

28. El beso mortal (1955) de Robert Aldrich.

29. Chantaje en Broadway (1957) de Alexander Mackendrick.

30. Sed de mal (1958) de Orson Welles.







   Continuará…



                                         Morada de Barranco, 28 de setiembre de 2023