lunes, 8 de octubre de 2018

UNA PEQUEÑA ENTREVISTA






                                                    Nosotros desentornillamos todo nuestro optimismo
                                                                                      Carlos Oquendo de Amat






   Lo que nunca había sucedido, pasó. Me refiero a que dejara pasar varios meses sin publicar una entrada en esta bitácora. Durante varios años colgué dos entradas por mes, disciplinadamente cumplí hasta que colapsé: las excesivas actividades, el afán por cumplir con cada una de ellas sin posibilidad de postergación me provocó estrés, mal del cual poco a poco voy saliendo.





   Desde la última vez que publiqué en el blog han transcurrido cuatro meses y medio, aproximadamente. Mucho tiempo para mi gusto. En esta noche tibia de octubre, día feriado por estas tierras, con algo de ánimos voy pergeñando estas líneas sin aún saber sobre qué voy a escribir específicamente. En realidad, como ya otras veces ha ocurrido, digito de acuerdo a lo que en el momento va saliendo y tengo la esperanza que agarre cuerpo y una vez terminado espero quedar conforme. Espero, digo, uno nunca sabe.






   He de comentar que luego de mi regreso de Ayacucho, viaje del que espero escribir en una próxima entrada, he venido leyendo varias novelas breves (Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, Esta casa vacía de Marco García Falcón, La tregua de Mario Benedetti, Estas ruinas que ves de Jorge Ibargüengoitia, Este domingo de José Donoso), visionando algunas películas en compañía de Rita. Luego de cada película, como si fuera de ley, ambos comentamos apasionadamente tal o cual escena, algún personaje que nos dejó deslumbrado... Algunos de esos filmes han sido La muchacha de la valija con la bellísima Claudia Cardinale o Gilda, ese mítico film donde deslumbra la pelirroja Rita Hayworth o Secreto tras la puerta con una de las mujeres más bellas del cine: Joan Benett. El cine, una de mis pasiones mayores y la visión de cada una de estas películas no es más que la confirmación de mi rotundo amor por el séptimo arte. 






   Junto a estas actividades, he venido viendo en internet  algunos videos que robaron mi atención. Algunos de estos videos son pequeñas entrevistas a escritores (sobre todo mexicanos) que responden sobre sus libreros, sobre su biblioteca. Ya alguna vez he practicado este saludable ejercicio de hacerme preguntas cual si fuera un entrevistado cuyas respuestas son esperadas por un sinnúmero de lectores ávidos. Un juego que disfruto y cuyas preguntas me las aplico a continuación.






1. ¿Cuántos libros tiene tu librero?

Nunca los he contado, pero calculo que deben haber más de 5000 libros. Espacio en él ya no hay, por tal razón los libros se encuentran en casi todos los ambientes del departamento que ocupo, menos en la cocina y en el baño. Torres de libros por todo lado: definitivamente, lo que más abunda en casa son los libros.






2. ¿Los has leído todos?

Imposible. Creo que fue Anatole France (me puedo equivocar) a quien algunas vez le preguntaron lo mismo y él respondió que no, que no había leído todos los libros de su biblioteca porque necesitaba tiempo para seguir comprando más libros.





3. ¿Cuál es el libro más nuevo o reciente que ha llegado a tu biblioteca?

Sin lugar a dudas Esta casa vacía, novela que recibió el Premio Nacional de Literatura 2018, del narrador peruano llamado Marco García Falcón. Pero mañana o pasado puede ser ya otro el título (o títulos) que mencione, más si ando a la cacería de unas novelas sobre las que he encontrado pistas para que lleguen a mis manos, hablo de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia y Diario de Santa María del recientemente fallecido Edgardo Rivera Martínez.






4. ¿Cuál es el libro más viejo de tu librero?

Un libro de 1866, Últimas confidencias por Alfonso de Lamartine, escritor romántico francés. Libro al cual le guardo mucho cariño pues con él tengo una anécdota bastante extraña. Lo compré en la década del ochenta en una esquina del jirón Lampa, centro de Lima, me costó muy poco. En su interior hallé un trébol de cuatro hojas y después una hojita de un antiquísimo calendario cuya fecha me dejó boquiabierto: 14 de enero, el día de mi cumpleaños. ¿Sería algún anuncio? 






5. ¿Quién te despertó el amor por la lectura?

Mi padre. Cuando niño, en ciertas noches, después de la cena, nos contaba a mi hermana Gloria y a mí pasajes de la historia universal con un encanto tan especial que conforme mi padre contaba me parecía ver imágenes como en la pantalla de un cine. Nunca he olvidado esa experiencia que me condujo a los libros, a mi necesidad de echar a volar mi imaginación.





6. ¿Cuál libro no has leído aún?

Varios. Algunos de ellos son de los que se llaman clásicos. De mi biblioteca, la novela Ulises de James Joyce, otra novela es Esplendores y miserias de las cortesanas de Honoré de Balzac o Las palmeras salvajes de William Faulkner. Y no es que no lo haya intentado. Varias veces empecé a leerlas, pero a las pocas páginas las dejaba. Supongo, así lo quiero creer, que estarán esperando su momento oportuno. Una novela que no tengo y espero leer pronto es Gargantúa y Pantagruel de Francois Rabelais, según mi hermano es desopilante.






7. ¿Cuál es la joya de tu librero?

Aunque no están en mi librero (por falta de espacio, ya lo decía), mencionaré a 5 metros de poemas (1927), único poemario del legendario Carlos Oquendo de Amat. Según me han dicho, parece ser que soy el que tiene la mayor cantidad de ediciones diversas de este libro: doce ediciones. Los primeros ejemplares fueron llegando sin proponérmelo, ya después he ido buscando y consiguiendo algunas ediciones como una versión en inglés de una universidad norteamericana. Espero que muy pronto lleguen a mis manos una edición en lengua italiana y, según mi querido amigo, el poeta Omar Aramayo, una edición japonesa que nunca he visto, pero si lo dice él, es porque es cierto. Habrá que buscarlos.





8. ¿Qué libro has regalado?

Sin pensar mucho, diré que 5 metros de poemas de Oquendo de Amat y La casa de cartón de Martín Adán. La perfección y belleza de esos dos libros me lleva a querer compartirlo con alegría. Habré regalado unas seis veces entre los dos.






9. ¿Cuál autor es el que se repite más en tu librero?

Varios. Alfonso Reyes, el polígrafo mexicano del que he disfrutado y disfruto cada uno de sus libros. Mi maese Stefan Zweig de quien compraba (hoy no lo haría) en mi adolescencia ediciones populares chilenas muy antiguas en papeles gruesos, porosos, amarillentos que hoy son ejemplares que conservo como prueba de mi amor insobornable por su obra. Libros de Augusto Monterroso, de Julio Ramón Ribeyro, en fin.






10. ¿Qué libro no has devuelto?

No son muchos, pero son. No quiero mencionar los títulos, obviamente tampoco los nombres de quienes alguna vez me lo prestaron. En mi descargo diré que así como no he devuelto esos dos o tres libros que me prestaron, yo he prestado varios libros que jamás me devolvieron: Poesía completa de Thomas Eliot, Pedro Páramo de Juan Rulfo, Lucha contra el demonio de Stefan Zweig, Poesía completa de César Vallejo, Yawar fiesta de José María Arguedas, Los versos del capitán de Pablo Neruda, La región más transparente de Carlos Fuentes, entre los que recuerdo. Desde hace mucho ya no presto libros, como dice el dicho: “Tonto el que presta un libro y más tonto el que lo devuelve”.








                                           Morada de Barranco, 8 de octubre de 2018.



domingo, 20 de mayo de 2018

¿APUNTES DE UN DIARIO?


                                                              




                                                           Y nos pintaremos el alma de inteligentes.
                                                                              Carlos Oquendo de Amat






Barranco, 31 de enero de 2018.



Para mí la música es una pasión. Vivir sin ella, como decía Friedrich Nietzsche, sería un error, un garrafal error.  
Hace unos días escribí un texto muy sentido sobre la muerte de la cantante Dolores O'Riordan, cuyas canciones nos acompañaron a los que vivimos momentos terribles en el Perú: la música siempre fue para mí un punto de apoyo, un territorio para la resistencia y allí me aferré y nos aferramos muchos. Para mí música es vida.
Pero ahora no quiero escribir sobre la tristeza y el dolor por la muerte de alguien, quiero escribir sobre la gran experiencia que vivo cada que escucho una canción de Radiohead, por ejemplo Fake Plastic Trees, una canción de melodía triste, tristísima, con una letra que le permite a Thom Yorke expresar su visión de un mundo desolado, triste, injusto, consumista y plástico (como lo dice de mejor manera Yorke en versos como estos: "Ella parece real / y sabe a real / mi falso amor de plástico...").
Así, sin necesidad de leer un mamotreto de Economía o Sociología, Yorke, con mucha sensibilidad expresa ese infierno competitivo y deshumanizado en que se han convertido nuestras sociedades. El arte no es pues expresión, como creen muchos, de quienes viven de espaldas a su realidad: el arte es la expresión y el producto de esa realidad: leer un poema de Oquendo o escuchar una canción de Yorke no solo es zambullirse en sus espíritus, es también conocer esa realidad que los llevó a crear lo que hicieron, y nosotros agradecidos. 
Con un solo ojo, Thom Yorke, ese divino tuerto, ve mejor que nosotros, mucho mejor.







Barranco, 4 de febrero.


Lo reafirmo: La felicidad tiene el color de tus ojos.



Barranco, 8 de febrero de 2018.


Ayer me preguntaron: "¿Qué te gusta de la salsa?" (se referían al ritmo musical). Cuando dejan de tocarla, respondí, je. No me gusta la salsa, pe.



Barranco, 16 de febrero de 2018.


El amor es eterno... mientras dura.



Barranco, 20 de febrero de 2018.



Por lo general, prefiero conversar más con mujeres: son casi siempre más inteligentes y más intuitivas, están un paso más allá, por lo general. Yo que vivo con dos mujeres lo sé (por si acaso me refiero a mi hija y a mi esposa). 



Barranco, 13 de marzo de 2018.


¿Puede haber algo mejor que estar sentado junto a Rita, conversar, tomar una taza de café negro como la noche que envuelve a Barranco, mientras se escucha el Ok Computer, ese maravilloso disco de Radiohead? ¡Sí! Por ejemplo: estar sentado junto a Rita, conversar, tomar una segunda taza de café negro como la noche que envuelve a Barranco, mientras se escucha, por segunda vez, el Ok Computer, ese maravilloso disco de Radiohead








Barranco, 16 de marzo de 2018.



Últimamente la obra de Neruda se me cae de las manos, se me hace insoportable (salvo "Residencia en la tierra"). La repetición incansable de recursos enumerativos, anafóricos de su poesía me cansa, me aburre, cuánto palabreo por Dios. En cambio las obras de César Vallejo y Martín Adán crecen, se me hacen imprescindibles. Vallejo debe estar, mejor dicho, está entre los cuatro o cinco grandes poetas del siglo XX, junto con (apunten) Fernando Pessoa, Paul Celan, Ezra Pound, T. S. Eliot y Ósip Mandelshtam. Martín Adán está por ahí nomás.









Barranco, 25 de marzo.


A buen entendedor...

Una vez amé,
pensé que me amarían,
pero no fue así,
no fue así por la única gran razón,
porque no tenía que ser.


Gracias Pessoa.



Barranco, 2 de abril.


Poema del día (o de la noche). Lo suelo emplear como ejemplo del género lírico y siempre veo, cuando termino de leerlo, ojos empañados, disimuladamente empañados. Suelto el poema.


EPIGRAMA

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

                               Ernesto Cardenal



Barranco, 3 de abril de 2018.



Por estos días estoy escogiendo mis mejores tristezas para el concierto de Radiohead. Hay que estar a la altura de las circunstancias: recontra sad.





Barranco, 14 de abril de 2018.



Me gusta estar contigo y otras… sintigo. 





Barranco, 18 de abril de 2018.



Y la cantó el ya legendario Thom Yorke, me refiero a la inesperada canción Creep. Esta anécdota no lo fue todo en el concierto de anteayer que empezó a las 9:00 p. m., hubo más, mucho más, total, fueron veintiséis canciones, entre las que se encontraban algunos de mis temas favoritos de Radiohead, y yo los escuchaba y los tarareaba con los ojos empañados, con lágrimas que trazaban surcos catárticos (qué tal palabrita, eh) en mi rostro. Cómo no quedar conmovido con temas como No Surprises; Fake Plastic Trees; Exit Music; There, There; Paranoid Android; Street Spirit; Karma Police y Daydreaming, la canción con la que abrieron el concierto (aunque debo decir que extrañé a Let Down, House of Cards, Nice Dream, How To Disappear Completely, por mencionar a algunas). Pero no hay que pedir mucho, la de anteayer fue una noche irrepetible, espléndida: el sonido y la furia en aproximadamente dos horas y media.
Con mi esposa, mi hija, mi hermano y miles más quedamos deslumbrados, extasiados (que poco expresan las palabras, por Dios) con la música de Radiohead que nos detonaba en las venas.
Sí, señores, el paraíso existe y tiene nombre: se llama música. 
Thanks, vida.







Barranco, 24 de abril de 2018.


Hace un año escribí:


UNAS LÍNEAS PARA ADRIANO MUÑOZ


Luego de varios días podré escribir algo sobre mi querido Adriano. El golpe fue y es muy fuerte, me hirió como no se pueden imaginar, por eso no quise ir a su velorio ni a su entierro, era mi resistencia a la fatal noticia, pero desde entonces no he dejado de llorar su pronta partida, me acuerdo de él y una gran tristeza me invade, una sensación de fragilidad me domina y tiemblo de solo pensar en lo frágil que es nuestra vida: un paso (uno breve) y estamos al otro lado, así de sencillo, así de terrible...
A pesar de toda esta tristeza, trato, intento ver las cosas de otra manera, entonces me acuerdo de su risa, de sus gritos, de su buen humor, de sus muecas, de su bello corazón y espíritu que tanto nos ayudó a los que lo conocimos: esas sus ganas de vivir, de hacer cosas, a pesar de algunas de sus tristezas, fue una lección y yo se lo agradezco por haber sido un ser de luz en mi vida.
Con Adriano siempre me llevé bien, aunque a veces se resentía conmigo, pero hablábamos, por ejemplo de música (“Profe, ¿ha escuchado Meshkalina?”. Y no va ser, le respondía. “Entonces, un porrito, pe, profe”. Y se reía como un condenado), otras veces hablábamos de sus sueños y de sus penas, porque las tenía y lo escuchaba y me escuchaba y cuando terminaba de hablarle, solía decirme: “Profe, lo quiero un culo, no lo quiero como a un padre, lo quiero como a un abuelo..., por la edad, pe” y lanzaba una risa mientras yo le soltaba un puñete en el brazo. Era así de sincero, era así de jodido. En verdad hablando, era un loco tierno que pasó como un relámpago por la vida y nos dejó algo de su luz a los que lo conocimos, de ahí la tristeza, la resistencia ante lo inevitable. Proceso su muerte y siempre pienso en su madre y deseo que tenga fuerzas para enfrentar el dolor por la muerte de su único hijo…
Adriano, mi querido Adriano, en mis lágrimas y en estas líneas va mi enorme afecto, mi cariño sin fondo, ese mismo cariño que nos entregaste a cada uno de nosotros, los que pertenecimos (soy uno de ellos) a la Promoción Fiat Lux, tu otra familia. 



Barranco, 11 de mayo de 2018.


Aún lo recuerdo. Corría el año 90. El auditorio estaba repleto. Poetas de todas las universidades leerían sus poemas. Ahí estaba yo, algo (en realidad bastante) nervioso: era la primera vez que leería mis poemas ante un mar de gente, sentí que era como quedar desnudo. No había otra: leer. Y así fue, leí. Alguien sacó esta foto de ese ya lejano día en que enfrenté mis miedos y hemos continuado en la brega.







Barranco, 17 de mayo de 2018.


El sol de lima lo detesto: me aturde, me aplasta. Se acerca el tiempo de las chalinas…





   Continuará…


                                                  Morada de Barranco, 20 de mayo de 2018.





domingo, 25 de marzo de 2018

LAS DOCE FOTOS DE CARLOS OQUENDO DE AMAT



                                                     


                                                  Tú estás aquí como la brisa o como un pájaro
                                                                        Carlos Oquendo de Amat






   La vida y muerte de Carlos Oquendo de Amat (Puno, 1905-España, 1936) está signada por la leyenda. Hay muchos vacíos en su vida que poco a poco se van llenando (los trabajos de Carlos Meneses, del poeta Omar Aramayo, de José Luis Ayala y de Rodolfo Milla han sido proverbiales). La obra breve de Oquendo, de manera lenta pero segura, va ocupando el sitial que se merece: apenas un libro publicado en 1927 (los diecinueve textos de 5 metros de poemas) y un puñado de versos desperdigados en varias publicaciones de la época.












   Sin embargo, hay que insistir en un punto. Desde hace un tiempo anda circulando por los diversos medios, una fotografía de un falso Oquendo. El problema se hace mayor cuando constatamos que gente que se supone es seria en sus trabajos emplea dicha fotografía. Muchas veces no solo es la ignorancia, sino lo que es peor, la desidia la que lleva a usar la equivocada imagen. He aquí la foto que motiva este párrafo, la de un señor que no es Carlos Oquendo de Amat, imagen que aparece en varias páginas y libros, incluso en videos y en grabados.






   Hace tres años, aproximadamente, publiqué las únicas fotos que se conocen, hasta el momento, de Carlos Oquendo de Amat (pienso, ahora, en esas fotos “perdidas” del poeta y que personas que conocieron a Oquendo comentaron que existían en archivos privados, ¿qué habrá sido de ellas?, ¿se habrán perdido?, ¿habrán más fotos del poeta en archivos particulares?).




Máquina Underwood del tiempo de Oquendo.


   Esas doce fotos las vuelvo a publicar, doce fotos, pocas en realidad. Alguna vez lo comenté, los poetas peruanos (en líneas generales) no han sido muy dados a las fotografías, son muy pocas las que tenemos o se conservan, si comparamos con los inmensos archivos fotográficos de poetas chilenos y mexicanos (pienso en Pablo Neruda y en Octavio Paz). 



Imprenta donde se imprimió 5 Metros de Poemas.


   ¿Cuáles son estas doce fotos? Empecemos con la foto más antigua del poeta, esta es de 1908, cuando Carlos Oquendo contaba con tres años, lleva el cabello largo y ya se distingue su característica frente amplia.











   La siguiente foto es una imagen familiar, en ella se ve a Oquendo entre sus padres (el doctor Carlos Belisario Oquendo Álvarez y doña Zoraida Amat Machicao) con un traje de marinerito, la foto es de 1915, o sea, cuando el poeta tenía unos diez años.











   Parece ser que en la misma sesión de la foto anterior se tomó esta fotografía, Oquendo con el traje de marinerito está entre sus tías María y Leonor, debajo se hallan sus padres Zoraida y Carlos Belisario, entre ellos, doña Ignacia Álvarez Padilla, abuela paterna del poeta. La foto es, como puede verse en ella misma, del 15 de febrero de 1915.

















   La siguiente foto es de 1919, probablemente al año del fallecimiento del padre del poeta. Carlos, para entonces, tenía catorce años, es el primero de la izquierda, luego viene su tía María Luisa de Flor Alcázar, a continuación una persona no identificada, debajo se encuentran sus tías Leonor y María Oquendo, entre ellas se halla la abuela del poeta, doña Ignacia. Quien toma de la mano Leonor Oquendo es Rosa Elvira, prima del poeta.











   En una foto de 1924, se ve a un adolescente Carlos Oquendo de Amat de apenas diecinueve años, impecablemente vestido y acompañado de un primo suyo llamado Arturo Oquendo de la Flor.









   Hay un par de fotos del poeta con automóviles. En la primera imagen se le ve con su gran amigo, el escritor Adalberto Varallanos (de pie), la fotografía es de 1927 y fue tomada en el Parque de la Exposición.










    En la siguiente fotografía se le ve a Oquendo apoyado en el carro, brazo estirado, con sombrero, acompañado de unas damas y de Ernesto More, la foto es de 1928.











   La siguiente foto lo presenta a Oquendo ante el frontis del templo de Santiago Apóstol de Pomata (Puno), siempre elegante (terno oscuro) y con sombrero blanco en foto de 1928.















   Una foto curiosa del poeta es esta del año 1930, en Moho (Puno), el rostro de Oquendo está incompleto, apenas si se ven sus ojos y su frente amplia.











   La mejor foto que se conserva de Oquendo, rescate (como otras fotos) del gran poeta Omar Aramayo en la década del sesenta: es una foto grupal, el poeta de 5 metros... lleva abrigo, está con los brazos cruzados y no lleva sombrero. La foto es de 1930.














   Otra foto de 1930 es una que fue tomada en Huancané, en el matrimonio de Juan Sesarini con Alicia Olazával. Entre los muchos invitados se ve al poeta (encerrado en un círculo) elegantemente vestido con terno claro, sosteniendo lo que parece ser un bastón o paraguas y en una de sus rodillas su sombrero.












   Probablemente esta sea la última foto del poeta, es de 1931. Es una foto grupal y deja ver la elegancia de Oquendo, a pesar de sus problemas económicos, es el segundo de los sentados a partir de la izquierda.















   Y paramos de contar. Hasta el momento no hay más fotos de Carlos Oquendo de Amat, son solo doce las fotografías, es probable que existan otras, pero su ubicación es trabajo arduo que espera de investigadores apasionados de la vida y obra de este gran poeta nacido en Puno. Esperemos nuevas sorpresas para ir completando de a pocos la biografía de este poeta casi misterioso.
















   Continuará…





                                                          Morada de Barranco, 25 de marzo de 2018.