lunes, 30 de marzo de 2020

TRECE PELÍCULAS PARA ESTOS DÍAS DE ENCIERRO





                                                   Vivo mi falta de libertad. De no salir y de salirme de mí.
                                                                                                          Xavier Abril






   Días de encierro, de necesario encierro por un agente infeccioso microscópico que está provocando la muerte de muchos seres humanos, especialmente ancianos. Son días de experiencia, para muchos, nueva: permanecer en casa y pasar largas horas con la familia. Curioso. Lo que antes era cotidiano hoy es un asunto inusual. Los nuevos tiempos nos llevaron a las ausencias: ambos padres en sus trabajos, los hijos en el colegio, terminamos siendo desconocidos. Las coincidencias en casa eran poquísimas y si esto sucedía, cada uno era una isla. Y en esto, la mala utilización de la tecnología jugó un papel determinante: los celulares (y computadoras) que te permiten comunicarte con el mundo entero en tiempo real, sin embargo, convirtieron a cada integrante de la familia en un literal extraño. Es decir, comunicados con el mundo, incomunicados con nuestra familia. Paradójico. 







   Hace unas semanas, la gente dominada por el miedo empezó a vaciar los supermercados: compras desmedidas de papel higiénico, papel toalla, jabones, agua, enlatados, en fin, todo aquello que les brindara una seguridad ante un enemigo invisible, silencioso. Largas colas donde se puso de manifiesto no solo el miedo, sino también el egoísmo. Me llamaba la atención las largas, larguísimas colas para dejar desabastecidos los supermercados, nadie pensaba en lo que vendría después, largos (e interminables para varios) días de encierro y el aburrimiento acechando.







   Tengo para mí que uno de los antídotos eficaces para el aburrimiento es la lectura, pero eso es algo que parece muchos no saben o ni lo sospechan o simplemente no les interesa. Curioso, nunca vi largas colas para comprar libros en las librerías. Esta imagen resulta hasta impensable. Y no debería ser así; es decir, el libro debería ser también un artículo de primera necesidad, los que leemos lo sabemos, lo sentimos. El libro resulta siendo un buen compañero: te informa, te brinda mayores recursos para expresarte, te distrae: conozco gente que si un fin de semana no tienen una fiesta o algo parecido, se embarcan en un buen libro y no se aburren. En cambio, sé de muchos que detestan la lectura o son indiferentes a ella, que sienten el peor de los martirios (como que el infierno llegó a sus vidas o ellos llegaron al infierno) cuando no tienen un fin de semana con fiesta o una “salida” con los amigos…







   Para estos días difíciles de encierro obligado, la compañía de los libros es vital. Como también debería serlo el cine. Este, como la lectura, debería ser fundamental en la vida de cualquiera, pero el buen cine, ese que sabe amalgamar una historia inteligente con diálogos (o sin ellos, pienso en el cine mudo) y actuaciones y fotografía... que nos haga experimentar sensaciones que solo brinda el arte, y el cine lo es. No el cine gratuitamente espectacular, plagado de efectos especiales, repleto de disparos, persecuciones..., ese no, el otro, el que muchas veces rechazamos porque nos parece aburrido, cuando en realidad lo que sucede es que no estamos acostumbrados a consumir un cine que nos explora, que se sumerge en vaya uno a saber qué profundidades de nuestro ser y nos permite conocernos más o reconocernos: el cine y no las películas, parafraseo lo que alguna vez dijo un amigo español que si de algo sabe, es de cine. 








   “¿Qué películas me recomendarías?”, me dijo a boca de jarro hace poco un amigo. Con la presión del momento le solté una pequeña lista. Hoy quiero hacer lo mismo: una lista,  pero no con los mismos filmes, otros largometrajes cuya visión se facilita porque están en Youtube. Si algo me complace de estas sugerencias mías es que si son películas en otros idiomas, están subtituladas (salvo excepciones, detesto las películas dobladas), es un punto muy importante: acostumbrémonos a ver cine en su idioma original, no seamos flojos. 







   Pensando en estos trece días más de encierro, esta es mi lista de trece películas para enfrentar el aburrimiento:







1. Luis Buñuel, el director del cortometraje surrealista de 1929 Un perro andaluz, estrena en 1953 el film Él, considerada por muchos como la mejor película latinoamericana de todos los tiempos. Este largometraje filmado en México cuenta la historia de Francisco Galván de Montemayor (Arturo de Córdova), un hombre de gran fortuna, profundamente católico, soltero, de edad madura y que no ha conocido hasta el momento el amor. Pero este llega a su vida: en una iglesia, un jueves santo, descubre a Gloria Milalta (Delia Garcés), una bella joven, enamorada del ingeniero Raúl Conde (Luis Beristáin) con quien se va a casar dentro de poco. Sin embargo, desde que Francisco y Gloria se han conocido, ha nacido entre ellos una atracción incontrolable que lleva a que Gloria rompa su compromiso y se case muy enamorada e ilusionada con el galán maduro. A las pocas horas de casados, esta irá descubriendo la verdadera personalidad de quien ante todos es un hombre virtuoso, un modelo de caballero a imitar: colérico, inseguro, injusto, manipulador, violento, celoso, extremadamente celoso. Lo que pudo ser un bello y ejemplar matrimonio, termina convirtiéndose en un infierno para Gloria quien es permanentemente humillada y violentada, incluso ve que su vida corre peligro a manos de quien se supone la ama desesperadamente, con locura.
Una gran película filmada en blanco y negro con algunas de las escenas más inquietantes y perturbadores del cine, como aquella en que Francisco, enfermo de celos, envuelve con una tela una hoja de afeitar, una aguja de arriero con hilo, algodón y con dos sogas se dirige al dormitorio de su esposa...







2. Uno de los grandes largometrajes del neorrealismo italiano es Bajo el sol de Roma, film dirigido por Renato Castellani y estrenado en 1948.
La historia se ubica en 1943, tiempos de la Segunda Guerra Mundial, días difíciles en los que los romanos deben trabajar en lo que sea para conseguir alimentos. En el barrio de San Giovanni vive Ciro Bissolati (Oscar Blando), un joven de diecisiete años, que para casi siempre echado en su cama, ve con despreocupación e irresponsabilidad cómo su padre (Ferruccio Tozzi), guardia nocturno, y su madre (Maria Tozzi), ama de casa muy laboriosa, trabajan duramente para alimentarlo a él y a sus tres hermanos menores. En el mismo edificio de los Bissolati vive una vecina suya llamada Iris (Liliana Mancini), casi de la misma edad de Ciro, que está siempre pendiente de él, pues está muy enamorada. Pirata, Romoletto, Bruno y otros amigos más van siempre a buscar a Ciro, este siempre sale, a pesar de las reconvenciones de su madre. Un día, el padre de Ciro, llega a casa para dormir y deja sobre una mesa unas zapatillas blancas para él, este sale de casa con las zapatillas. Ya con sus amigos se esconden en el Coliseo Romano, ahí Ciro conoce a un jovencito que vive solo y abandonado, es Geppe (Francesco Golisano), lo llaman así porque su cabello crespo y crecido les hace recordar a Geppetto (el padre de Pinocho). Una vez que escampa, se van a bañar y Ciro termina perdiendo las zapatillas nuevas, este decide no regresar a casa y se va al Coliseo Romano a pernoctar acompañado de Geppe. Desde entonces Ciro actúa con mayor irresponsabilidad poniendo en peligro la vida de su familia.
Una hermosa y dura película que inicia como comedia hasta tornarse dramática. Nos muestra las calles de Roma de antes y en plena ocupación alemana, su gente enfrentando una lucha terrible por sobrevivir, algunos incluso dedicándose al robo, al mercado negro...







3. En 1954 se estrena La ladrona, su padre y el taxista, también conocida como Lástima que seas tan canalla, comedia italiana dirigida por Alessandro Blasetti. Una particularidad de esta película es que fue en ella que actuaron juntos por primera vez Sofía Loren y Marcello Mastroiani y ante el éxito de la pareja, luego filmarían más de diez películas juntos (entre ellas: Ayer, hoy y mañana; Una jornada particular,...).
Una comedia entretenidísima, llena de diálogos ocurrentes y situaciones extremadamente divertidas. La historia ocurre en Roma, Paolo (Marcello Mastroianni) es un taxista que cuida como oro su automóvil, dos muchachos y una chica encantadora y bella, Lina Stroppiani (Sophia Loren), solicitan su servicio hasta una playa lejana, en realidad quieren robarle el carro. Descubiertos los dos ladrones escapan y Paolo se queda con Lina que resulta ser no solo bella sino una rotunda parlanchina que con argumentos extraños confunde al taxista hasta que ya en Roma logra escabullirse. Días después, Paolo vuelve a encontrar en una calle a la habladora Lina y esta, con mentiras, lleva a conocer a su padre, Vittorio Stroppiani (el gran Vittorio De Sica, director de Ladrón de bicicletas), un individuo siempre elegante e igual de parlanchín como la hija, dedicado también a las malas artes.La relación de Paolo y Lina se profundiza, ambos se atraen, pero ella es imprevisible, mentirosa y todo se complica entre ellos…
Esta comedia es realmente una delicia, con pinceladas costumbristas y muy pícaras nos hace pasar muy buenos momentos. Es una de las mejores comedias italianas y eso no es poca cosa, si tenemos en cuenta que el cine italiano es una de las más prestigiosas tradiciones cinematográficas del mundo.







4. Mario Monicelli es uno de los grandes directores de comedias italianas, pero en 1953 estreno Las infieles, no una comedia sino un drama.
La historia sucede en Roma. El empresario de quesos Giovanni Azzali (Carlo Romano) acude a una agencia de detectives cuyo director es Giulio Cantagalli (Giulio Cali). Lo que el empresario quiere es tener pruebas de la infidelidad de Luisa Azzali (Irene Papas), su esposa, quiere esas pruebas con urgencia porque quiere obtener el divorcio para casarse con una jovenzuela a quien está cortejando y también para que su esposa no exija algún tipo de pensión. Entonces Giulio llama a Osvaldo Dalpra (Pierre Cressoy) quien se encargará de hacerle un seguimiento a la esposa de Giovanni. Es así que al seguir a Luisa, Osvaldo se encuentra con Liliana Capacci Rodgers (May Britt), una antigua enamorada que se ha casado con Harry Rodgers (Charles Fawcett), un inglés con dinero, aunque algo mayor que ella. Son nueve años que no se veían Liliana y Osvaldo, el amor que hubo parece resurgir, pero empiezan a ocurrir una serie de hechos: se pierde un collar de diamantes y dinero, Liliana, Cesarina (Ana-María Ferrero), empleada de confianza de Liliana, es acusada de esos delitos en tanto varias mujeres casadas de las capas más altas de la sociedad son chantajeadas, entre ellas Lulla Possenti (Gina Lollobrigida)... ¿Quién es el ladrón o ladrona?, ¿quién es el chantajista o la chantajista?
Un film que nos hace reflexionar sobre la doble moral y la hipocresía, sobre las grandes diferencias sociales que lleva a algunos a mirar con desprecio o indiferencia a las personas de condiciones menos favorecidas. Una magnífica película que nos sorprendente con un final inesperado.








5. Uno de los grandes directores de comedia italiana fue Dino Risi. En 1962 estrenó una película titulada La escapada, film que tiene de comedia y drama.
La historia se centra en uno de esos calurosos veranos en una Roma que parece deshabitada (casi toda la gente ha partido a los balnearios). Un personaje llamado Bruno Cortona (Vittorio Gassman), maneja un pequeño convertible descapotado (un Aurelia B24) por calles solitarias y silenciosas en busca de cigarros y de un teléfono. Al no hallar lo que busca, se detiene para beber agua y ve a Roberto Mariani (Jean-Louis Trintignant), un joven estudiante de derecho que pareciera que lo observa desde una ventana (en realidad estaba mirando a la chica de la que anda enamorado). El joven invita a Bruno a subir a su departamento para que desde ahí haga la llamada telefónica. Extrovertido y parlanchín, Cortona luego convence a Roberto que deje de estudiar y que lo acompañe a tomar un aperitivo. Inician entonces un recorrido que supuestamente duraría hasta la tarde de ese mismo día, mas este se prolonga: van a restoranes y a la playa, visitan a unos tíos de Roberto, llegan a la casa de la exesposa (Luciana Angiolillo) y de Lily (Catherine Spaak), la hija de ambos…
La aparente complicidad de los dos personajes en realidad nos muestra a dos seres contrastantes: Roberto es más joven, pero es tímido, cauteloso, apocado y ve en Bruno un modelo quizá a imitar, pues este es locuaz, mujeriego, fanfarrón, vividor, incluso irresponsable e inmaduro. Sin embargo, en el hedonismo chocante de Bruno y en la actitud modélica de Roberto se esconde una angustiosa soledad y a través de las aventuras que vivirán juntos, buscarán un escape a su hastío, a su triste realidad.








6. El extraño amor de Martha Ivers, una película del cine negro de 1946, dirigida por Lewis Milestone. Uno de esos melodramas entrañables donde se muestra toda la capacidad narrativa del viejo cine norteamericano. La película cuenta como veinte años después, Sam Masterson (Van Heflin) decide regresar a su ciudad y buscar a su amiga Martha Ivers (Barbara Stanwyck). Ya para entonces, esta es dueña de varias empresas que antes dirigía su tía, una mujer dura y déspota que precisamente murió veinte años atrás. Pero Martha no está sola, se ha casado con el hijo de su preceptor, Walter (Kirk Douglas, quien debutaría en el cine con esta película, por cierto, hasta hace poco este actor con 103 años era el único sobreviviente del film, pero como sabemos, falleció en los primeros días del mes de febrero de este año). El encuentro de Sam y Martha despierta fantasmas del pasado y los celos de Walther y de Tony Marachek (Lizabeth Scott), una hermosa muchacha que tiene problemas con la justicia y cuya presencia llevará a cuestionarse qué es lo que siente Sam por Martha.
Estamos ante una cima del cine noir, en realidad del cine. Las actuaciones son magníficas, la fotografía en claroscuro crea una atmósfera de intriga, de misterio y suspenso. 







7. Ensayo de un crimen es una película de 1955 dirigida por el español Luis Buñuel luego de afincarse en la Ciudad de México. Es un largometraje ubicado entre las cincuenta películas más importantes del cine mexicano, por cierto, una de las mayores tradiciones cinematográficas de hispanoamérica.
La película es una parodia cargada de humor negro, corrosivo, sobre un "asesino serial de mujeres". Archibaldo de la Cruz (Ernesto Alonso) cuando es niño recibe de su madre una caja musical, su institutriz le cuenta la historia de un rey que cada vez que quería que alguien muriera, hacía funcionar esa misma caja musical, deseaba la muerte del enemigo y esta sucedía. Por coincidencia, el niño hace funcionar la caja musical y desea la muerte de la institutriz y esta muere a causa de una bala perdida. Desde entonces queda con la idea de que puede provocar la muerte de mujeres cercanas. Pero ocurre la Revolución Mexicana, la casa de la familia de Archibaldo es saqueada. Ya mayor, este encuentra la caja musical en una casa de antigüedades y la compra. Cada vez que hace sonar la caja musical, planifica la muerte de varias mujeres, por ejemplo, la de la bella Patricia Terrazas (Rita Macedo), la de su novia Carlota Cervantes (Ariadna Welter), cuando descubre que tiene amores escondidos con el arquitecto Alejandro (Rodolfo Landa). Entre tanto, conoce a Lavinia (Miroslava Stern), una hermosa joven que atrae a Archibaldo, pero eso no quita que quiera asesinarla…
Una gran película, admirada por varios directores de cine (uno de ellos es Pedro Almodóvar). Ensayo de un crimen, incluso arrastra una leyenda negra debido a la muerte de dos de sus actrices (Miroslava Stern, se suicidó a las pocas semanas del estreno, y Rita Macedo, quien también se suicidó años después). Es, en definitiva, una gran película de visión impostergable.







8. En 1949 se estrenó El retrato de Jennie, película dirigida por William Dieterle. La historia misteriosa que se cuenta en este film es la de Eben Adams (Joseph Cotten), un pintor que ha perdido la pasión, anda desencantado de su labor, sin rumbo. De gran ayuda será su encuentro con la dueña de una galería, una mujer ya mayor, miss Spiney (Ethel Barrymore) quien le comprará un cuadro y le dará algunas sugerencias con respecto a su actitud ante la pintura; sin embargo, el hecho que dará un nuevo sentido a su vida ocurrirá cuando se encuentre con una niña, Jennie Appleton (Jennifer Jones). El conocerse será determinante, sobre todo para la vida del pintor, pues Jennie se volverá algo así como su musa inspiradora. Desde el primer encuentro seremos testigos de una atracción entre ambos, una necesidad por verse. Pero hay algo extraño en el desarrollo de esta historia, algo que rompe toda lógica: en cada encuentro, Jennie tiene más edad, pronto dejará de ser una niña para volverse una bella señorita, es como si ella viviera en un mundo paralelo donde el tiempo es más acelerado. ¿Cómo explicarlo? ¿Será que Eben (y nosotros con él) estamos viendo a un fantasma? ¿Quizá Jennie no sea más que la imagen de la "realidad" de alguien que ha enloquecido? ¿Eben la estará viendo realmente o será solo un sueño al cual nos arrastra también? El retrato de Jennie es una película de una profunda y misteriosa poesía, un film cuya atmósfera onírica, cargada de ambigüedades, nos engancha, nos cuestiona, nos perturba. 







9. El cine mudo cuenta con varias películas entrañables, de esas que se ven cada cierto tiempo con entusiasmo renovado. Una de ellas es El gabinete del doctor Caligari, un film de 1920 dirigida por el alemán Robert Wiene. Para algunos es la joya mayor de uno de los movimientos vanguardista de inicios del siglo XX, hablamos del Expresionismo que tanta influencia tuvo sobre el cine noir (por ejemplo una iluminación más compleja donde juega papel muy importante los contrastes de luz y sombra).
La historia que se desarrolla en seis actos es alucinante. El doctor Caligari (Werner Krauss) es un hipnotizador que dirige un espectáculo donde interviene un sonámbulo llamado Cesare (Conrad Veidt), pero el doctor es un personaje trastornado que utiliza al sonámbulo no solo para responder a las preguntas del público, sino para que este cometa una serie de asesinatos que dejan atemorizados y preocupados a los habitantes de Holtenwall. Los amigos Francis (Friedrich Feher) y Alan (Hans Heinrich von Twardowski), que andan enamorados de Jane (Lil Dagover), visitan el espectáculo del sonámbulo en la feria y salen aterrados porque este le ha vaticinado la pronta muerte a Alan. Sorprendentemente, la muerte de Alan ocurre. Francis sospecha del doctor y empieza a investigar sobre la vida del misterioso hipnotizador. Pero la película sufre un giro argumental que dejará sorprendido al espectador: ¿está realmente ocurriendo lo que vemos en pantalla?
Un clásico de todos los tiempos, una prueba contundente de cómo el cine mudo casi no requería de la palabra para contar una buena historia. Sorprenderán el maquillaje recargado, la escenografía llena de ángulos distorsionados, líneas, curvas y espirales muy marcados, contrastes acentuados de luces y sombras, todo ello es parte de la estética expresionista de una película, que luego de cien años, no ha envejecido un ápice.







10. Gregory La Cava era en los años treinta uno de los directores más exitosos, dos años consecutivos fue candidato al Óscar. Una de esas películas es de 1936: Al servicio de las damas (o también conocida como La porfiada Irene), un film con tintes románticos, pero sobre todo una gran comedia. La película se ubica en la Ciudad de los rascacielos, Nueva York, en tiempos difíciles de la Gran Depresión. Dos hermanas de familia adinerada, Irene Bullock (Carole Lombard) y Cornelia Bullock (Gail Patrick), participan de los juegos de una gincana junto a otros personajes millonarios y frívolos. Una de las pruebas consiste en recoger desechos (incluyendo vagabundos) en East River, lugar donde vive mucha gente en condiciones miserables, víctimas de la depresión. Es ahí donde Irene encuentra a Godfrey Park (William Powell), hombre sorprendente, dueño de una cultura y tratos que no corresponden a su condición económica y social. Irene entonces lo contrata como mayordomo de su mansión familiar. Ya en la casa de los Bullock, el buen Godfrey descubre que esa mansión es de locos, pues en ella ocurren situaciones diversas, cada una más extravagante que la otra. Junto a las jóvenes, habitan ese espacio Alexander Bullock (Eugene Pallette), el padre, un antiguo luchador ahora convertido en hombre exitoso de negocios que trabaja para cubrir los caprichos de su familia, Angelica Bullock (Alice Brady), la madre, quien sufre de delirios y cree ver seres sobrenaturales... El desempeño de Godfrey es impecable, pero se topará con el odio de la arrogante Cornelia quien le hará pasar momentos difíciles; la contrapartida será el amor empecinado, porfiado de Irene (la inolvidable Carole Lombard que solo viviría seis años más pues el avión en que viajaba cayó en plena Segunda Guerra Mundial).
Es un film en un impecable blanco y negro, con magníficas actuaciones, de diálogos chispeantes, inteligentes, muy corrosivos. Una sátira como pocas sobre la alta sociedad norteamericana.







11. Joseph L. Mankiewicz dirigió magníficas películas, entre ellas El fantasma y la señora Muir, Eva al desnudo, La condesa descalza, De repente el verano y un drama inolvidable que fue estrenado en 1949: Carta a tres esposas.
Este largometraje se ubica en una ciudad pequeña de provincia ("el nombre no importa"), ahí viven Deborah Bishop (Jeanne Crain), Rita Phipps (Ann Sothern) y Lora Mae Hollingsway (Linda Darnell), tres amigas que viven matrimonios felices, pero la tranquilidad de estas tres bellas mujeres se ve rota porque antes de un corto viaje que van a realizar, reciben un misterioso sobre con una carta donde una cuarta amiga, Addey Ross, les anuncia, sin mayores precisiones, que se va a escapar de la ciudad con el esposo de una de las tres. Magnífico y tenso inicio que altera la seguridad de las tres amigas que hasta ese momento podían jurar que sus matrimonios era sólidos, indestructibles, perfectos. Ahora la duda ha incursionado en sus vidas, las carcome y como nunca se llenan de inseguridades, de recuerdos (algunos graciosos, otros dramáticos) que les de pistas que permitan "descubrir" al infiel. Mientras tanto, a pesar que alguna de ellas aparente seguridad, la incertidumbre, la duda permanece, está en el aire: ¿Cuál de las tres es la engañada?
Este es un film en el que Mankiewicz critica con mordacidad esas aparentes sólidas concepciones morales de la "perfecta vida americana", tal vez esta no sea más que máscaras que ocultan o disimulan vidas guiadas por la frivolidad, las apariencias, las hipocresías. Por cierto, el reparto tiene también entre sus filas a Kirk Douglas y Thelma Ritter, dos leyendas del cine norteamericano.







12. En 1988 se estrenó La tumba de las luciérnagas, película animada japonesa cuyo director fue Isao Takahata (quien falleció en abril de 2018).
Es, sinceramente, una película muy conmovedora, triste, una de las más tristes de la cinematografía mundial (y esto no es un demérito). La película se ubica en Japón, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuenta la historia de dos hermanos: Seita (un muchacho valiente, capaz de hacer cualquier cosa por su hermana) y la entrañable Setsuko (una niña de cuatro o cinco años). La madre de ambos perece a raíz de los bombardeos aéreos realizados por los norteamericanos, del padre (marino japonés) no hay noticias, pero tienen la esperanza que regrese y los rescate del abandono. Seita y Setsuko enfrentan una realidad dura donde incluso los lazos familiares no se respetan en un afán de sobrevivencia. Ambos se apartan y vivirán aislados en un abandonado refugio antiaéreo, se alimentarán de lo que buenamente encuentren en su entorno, aparentemente podrán enfrentar con éxito los tiempos difíciles que les tocó vivir, pero su historia se complicará, a final de cuentas son dos seres que no cuentan con mayores mecanismos de defensa y cuyo destino los ha sorprendido con toda su crueldad...
Una película que nos sensibiliza sobre las terribles consecuencias de la violencia, de la guerra, sobre todo cuando esta se abate sin misericordia sobre seres indefensos, sin capacidad de resistencia.







13. Las películas serie B son aquellas que cuentan con bajo presupuesto (varios filmes del western, las de ciencia ficción, las de terror y algunas del cine negro); sin embargo, eso no impide que varias de ellas sean grandes películas, joyas de la cinematografía mundial. Una de ellas es El desvío (1945), dirigida por Edgar G. Ulmer.
Cuesta creer que esta gran película dure apenas 67 minutos para contar con solidez la oscura historia de Al Roberts (Tom Neal), un joven pianista que vive frustrado pues aspira a dar grandes conciertos y no a tocar en bares por sueldos miserables y propinas. Entonces decide abandonar Nueva York y viajar a Los Ángeles en búsqueda de Sue, su novia. Es un viaje largo, de costa a costa, pero está dispuesto a todo para encontrarse con la mujer amada y casarse con ella. Al no tener dinero para hacerlo por avión, se ve obligado a viajar "tirando dedo". El pesimismo del personaje es notorio y dos encuentros en la carretera definirán su vida opaca, gris: Jack Haskell Jr. (Edmund MacDonald), un irresponsable jugador, lo recogerá en la carretera y le promete llevarle hacia Los Ángeles. Su posterior encuentro con la terrible e insoportable Vera (Ann Savage), la típica "femme fatale" del cine noir, será la culminación de una vida que atrae sobre ella la desgracia, la mala suerte, la fatalidad.








   Continuará…





                                                Morada de Barranco, 30 marzo de 2020.











lunes, 17 de febrero de 2020

ANTES DE LOS TREINTA






                                                                      NADIE PODRÁ TENER MÁS DE 30 AÑOS
                                                                                               Carlos Oquendo de Amat




   En unos días iré al cine a ver 1917. Sé que fue candidata a varias estatuillas del Óscar, no sé cuántas habrá ganado al final. En realidad no me interesa mucho esto de los premios, a fin de cuentas, el Óscar no es, como nos quieren hacer creer los gringos, el premio más importante del cine y el que determina la calidad de un film, es sí el más mediático, eso sin discusión alguna.






   De 1917 sé que cuenta una historia sencilla ubicada en plena Primera Guerra Mundial, dos jóvenes soldados deben llevar un mensaje de un punto a otro y atravesar el horrible campo de batalla. Aparentemente nada del otro mundo, pero creo que sus imágenes van más allá, esconden algunas cosas que descubriremos al estar frente al ecran. Por ahí, incluso, he leído que no es como se podría pensar, si de etiquetas se trata, una película bélica, parece que va más allá.






   Cada que pienso en la Primera Guerra Mundial vienen por asociación algunos recuerdos, por ejemplo: la primera vez (o una de las primeras veces) que compré un libro en una librería de viejo fue allá por el lejano 1979, en jirón Puno, centro de Lima, la librería estaba ubicada en el zaguán de la casa de Felipe Santiago Salaverry, el presidente más joven que tuvo el Perú. A raíz de una tarea en el colegio, fui al centro y el señor Laguna, dueño de la librería, me vendió La primera Guerra Mundial (Editorial Cartago, Buenos Aires, 1965) de Alejandro Manusevich, libro que conservo hasta el día de hoy.






   Otro recuerdo que me aborda es el de un poema, me refiero a El telegrafista muerto, poema vanguardista del hoy olvidado poeta peruano Rafael Méndez Dórich (compañero de andanzas de Carlos Oquendo de Amat, Emilio Adolfo Westphalen, César Moro…). El poema se publicó en Dibujos animados, libro del año 1936, que por un golpe de suerte lo encontré en una librería del jirón Azángaro, también en el centro de Lima. El poema, cuya relación con la Primera Guerra Mundial es más que evidente, me sorprendió desde el primer momento que lo leí (el mismo título llamó mi atención). Según mi entender, El telegrafista muerto es el mejor poema de Méndez Dorich.



EL TELEGRAFISTA MUERTO



Detrás de la trinchera, después de la tragedia
que llegó de improviso sin que nadie la viera,
con los auriculares de caucho colocados
aún en los oídos
y el gesto siempre atento,
seguía recibiendo órdenes
el telegrafista muerto.
Como un ejército
desorientado, de recuerdos,
velaba sus pupilas
el alfabeto Morse de los sueños.
Todavía estaba acústico
el telegrafista muerto:
vibraban los sonidos en sus manos abiertas
y sus oídos fríos
percibían las ondas astrales del silencio…








   Es curioso, en estos días de vacaciones he visionado con Rita muchas películas, algunas de ellas con Kirk Douglas, quien hace poco falleció con 103 años. Una de esas películas de Kirk es una joya del cine estrenada el año 1957, hablo de Senderos de gloria (también conocida como La patrulla infernal), película de un entonces joven director llamado Stanley Kubrick. La película desarrolla una historia que ocurre en plena Primera Guerra Mundial, en Francia, año 1916. Tanto franceses como alemanes se encuentran en las trincheras. Por presiones del general George Broulard (Adolphe Mejou), el general Paul Mireau (George Macready) ordena al coronel Dax (Kirk Douglas) tomar con sus hombres la Colina del Hormiguero, una posición estratégica que está en manos de los alemanes. El enfrentamiento es sangriento, los franceses atacan, muchos de ellos morirán, pero a pesar del esfuerzo son repelidos, la misión ha sido un fracaso. Ante esta situación desastrosa, el general Mireau busca salvar su prestigio, para ello decide dar injustamente un escarmiento a los valientes soldados: a tres de ellos los hace comparecer ante un Consejo de Guerra pues son acusados de cobardía ante el enemigo. En defensa de sus soldados, surge la valiente figura del coronel Dax quien se enfrentará a la falsa acusación. Senderos de gloria es una película que sacude nuestras conciencias sobre el horror de la guerra y de las injusticias que se cometen cuando se emplean de mala manera el poder que se detenta.







   El tema de la Primera Guerra Mundial también me hace pensar sobre la cantidad de muertos, según algunos cálculos murieron entre 10 a 31 millones de personas. Si pienso que la población actual del Perú está entre 30 a 33 millones de habitantes, hablamos de magnitudes mayores. Entre tantos muertos, varios intelectuales, artistas (músicos, poetas, escultores, pintores…). Hubo también muchos heridos, podemos mencionar al poeta Guillaume Apollinaire, al pintor cubista George Braque, al pintor expresionista Óscar Kokoschka, al escritor C. S. Lewis (autor de Crónicas de Narnia), al escritor Ernest Hemingway, al pintor expresionista Otto Dix, al compositor Carl Orff…, la lista es larga.







   Pero, ¿entre los muertos? También hubo muchos, por ejemplo: el escritor francés Charles Pierre Péguy, el músico español Enrique Granados, el poeta inglés Edward Thomas, el pintor alemán Franz Marc, el novelista inglés William Hope Hodgson,… Pero de quienes deseo escribir algo más es de los más jóvenes, aquellos que no llegaron a los treinta años, hubo varios, no mencionare a todos, obviamente, apenas un puñado, cinco artistas talentosos de quienes la parca no tuvo misericordia y se los llevó prontamente.








   El primero de ellos, el novelista francés Alain-Fournier, seudónimo de Henri Alban Fournier. En 1905 conoció a quien se convertiría en el amor de su vida: Yvonne Quiévrecourt, años después ella serviría de inspiración para la creación de Yvonne de Galais, protagonista de su única novela: El gran Meaulnes (1913), considerada una de las mejores novelas del siglo XX, un "bildungsroman" (en castellano: "novela de aprendizaje") que aborda el tema del amor adolescente. Tanto éxito tuvo que fue traducida a varias lenguas. Lamentablemente Alain-Fournier no disfrutó del éxito de su novela pues murió en la Batalla del Marne en 1914. Sus restos recién se encontraron en una fosa común el año 1991. ¿Cuántos años tenía cuando murió? 27 años, solamente.










   El segundo, el escultor francés Henri Gaudier-Brzeska. Viajó a Londres donde conoció a un joven Ezra Pound de quien fue amigo, participó en movimientos vanguardistas (el vorticismo), mantuvo amores con Sophie Brzeska, una escritora polaca veinte años mayor que él, rechazó el servicio militar por sus convicciones antimilitaristas, razón por la que no podía regresar a su país, pero cuando se inició la Primera Guerra Mundial, regularizó su situación y pudo servir a su patria en el campo de batalla donde fue muy destacado. Encabezando un ataque ya como sargento, en junio de 1915 una bala en la cabeza lo mató. ¿Qué edad tenía Henri? 23 años. Al enterarse de la muerte del escultor, Sophie enloqueció y diez años después murió.












   El tercero, el pintor alemán August Macke, uno de los más connotados pintores expresionistas. Viajó bastante joven a Francia, Italia, Suiza, Holanda, Túnez (este último lugar tuvo mucha influencia en su pintura). Estuvo en permanente contacto con los grandes pintores de los movimientos vanguardistas muy en boga por esos años: Paul Klee, Franz Marc, Vasili Kandinsky, Robert Delaunay… Movimientos de la vanguardia pictórica como el fauvismo, cubismo y el futurismo lo enriquecieron y su pintura fue madurando, se fue encontrando a sí mismo. Sus últimos cuadros son obras maestras en la exhuberancia del colorido y la luz. Pero todo se truncó cuando en el mes de setiembre de 1914 perdió la vida en el campo de batalla, en territorio francés. ¿Qué edad tenía August? 27 años.











   El cuarto, el poeta inglés Wilfred Owen quien recibió una magnífica educación y trabajó una temporada en Francia. Ingresó al ejército en 1915. Fue al campo de batalla con espíritu optimista, pero su experiencia fue traumante: el disparo de un mortero lo hizo volar y cayó sobre los restos de un compañero suyo, después quedó atrapado en una trinchera alemana por varios días. Ya rescatado se le diagnostico neurosis de guerra. Fue enviado a un hospital para su recuperación. Luego de una larga convalecencia, regresó al campo de batalla en Francia, para seguir escribiendo sobre los horrores de la guerra. Ironías de la vida, cayó muerto el 4 de noviembre de 1918, justo una semana antes de que terminara la guerra. ¿Cuántos años tenía Wilfred? Solo 21 años. Aquí una muestra de su poesía.



DULCE ET DECORUM EST


Encogidos, como viejos mendigos en sus sacos,
las rodillas juntas, tosiendo como arpías, maldecíamos en el fango,
hasta que a la luz maligna de las bengalas nos volvimos
y marchamos penosamente hacia el distante refugio.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
pero avanzaban renqueantes con pies ensangrentados. Todos iban cojos; todos ciegos;
borrachos de fatiga; sordos hasta para el silbido
de las bombas dejadas atrás, que explotaban cansinas a nuestras espaldas.

¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido, muchachos! – Un éxtasis de confusión,
nos pusimos justo a tiempo las burdas máscaras;
pero alguien estaba aún gritando y dando traspiés,
y luchando por respirar como si estuviera quemándose en el fuego o en la cal...
A través del cristal empañado, bajo una luz gruesa y verdosa,
como en el fondo de un verde mar, vi cómo se ahogaba.

En todos mis sueños, ante mi vista indefensa,
él se lanza sobre mí, borboteando, ahogándose.

Si en algún sueño asfixiante pudierais también vosotros caminar
detrás del coche en donde lo arrojamos,
y contemplar los ojos blancos retorciéndose en su rostro,
su cabeza colgando, como el vómito diabólico del pecado;
Si pudierais oír, a cada sacudida, la sangre
salir bullente de los pulmones anegados de espuma,
obscena como un cáncer, amarga como la pasta rumiada
de llagas viles, incurables, en lenguas inocentes,
amigo mío, entonces no dirías con tanto entusiasmo
a los niños que anhelan una desesperada gloria,
la vieja Mentira: Dulce et decorum est
pro patria mori. (*)


(*) Dulce y honorable es morir por la patria.






   El quinto, el poeta austriaco Georg Trakl. Uno de los mayores representantes del expresionismo literario de la lengua alemana. Si bien no murió en el campo de batalla, su muerte fue consecuencia de la guerra. Desde muy joven aprendió a tocar el piano. Mantuvo una relación incestuosa con su hermana Gretl, lo que lo atormentó siempre. Trabajó en una farmacia donde se volvió adicto a algunas sustancias químicas. Tiempo después estudió farmacia en la Universidad de Viena y se recibió de farmacéutico en 1910. Cuatro años después fue reclutado y sirvió como enfermero del ejército austriaco. Participó en la batalla de Grodek donde atendió a unos noventa heridos, esta terrible experiencia agudizó su depresión e intentó suicidarse ahí mismo. Lo enviaron al manicomio de Cracovia en octubre de ese año. Al mes siguiente, el 3 de noviembre de 1914, se suicidó con una sobredosis de cocaína. ¿Qué edad tenía Georg cuando murió? 27 años. En el manicomio escribió el poema Grodek que presentamos en versión de Helmut Pfeiffer.


GRODEK


Por la tarde resuenan en los bosques otoñales
las mortíferas armas, y en las llanuras áureas
y en los lagos azules rueda el sol más oscuro.
La noche abraza a los guerreros moribundos,
irrumpe el lamento salvaje de sus bocas quebradas.
Pero silenciosas en la pradera,
rojas nubes que un dios airado habita
convocan la sangre derramada, la frialdad lunar;
y todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo el dorado ramaje de la noche y las estrellas
vaga la sombra de la hermana por el bosque silencioso
saludando las almas de los héroes,
las cabezas sangrantes.
Y en el cañaveral suenan las oscuras flautas del otoño.
Oh, qué soberbio duelo, con altares de bronce;
un terrible dolor nutre hoy la ardiente llama del espíritu,
por los nietos que no han nacido aún.









Continuará…

                                         Morada de Barranco, 17 de febrero de 2020.