domingo, 25 de marzo de 2018

LAS DOCE FOTOS DE CARLOS OQUENDO DE AMAT



                                                     


                                                  Tú estás aquí como la brisa o como un pájaro
                                                                        Carlos Oquendo de Amat






   La vida y muerte de Carlos Oquendo de Amat (Puno, 1905-España, 1936) está signada por la leyenda. Hay muchos vacíos en su vida que poco a poco se van llenando (los trabajos de Carlos Meneses, del poeta Omar Aramayo, de José Luis Ayala y de Rodolfo Milla han sido proverbiales). La obra breve de Oquendo, de manera lenta pero segura, va ocupando el sitial que se merece: apenas un libro publicado en 1927 (los diecinueve textos de 5 metros de poemas) y un puñado de versos desperdigados en varias publicaciones de la época.












   Sin embargo, hay que insistir en un punto. Desde hace un tiempo anda circulando por los diversos medios, una fotografía de un falso Oquendo. El problema se hace mayor cuando constatamos que gente que se supone es seria en sus trabajos emplea dicha fotografía. Muchas veces no solo es la ignorancia, sino lo que es peor, la desidia la que lleva a usar la equivocada imagen. He aquí la foto que motiva este párrafo, la de un señor que no es Carlos Oquendo de Amat, imagen que aparece en varias páginas y libros, incluso en videos y en grabados.






   Hace tres años, aproximadamente, publiqué las únicas fotos que se conocen, hasta el momento, de Carlos Oquendo de Amat (pienso, ahora, en esas fotos “perdidas” del poeta y que personas que conocieron a Oquendo comentaron que existían en archivos privados, ¿qué habrá sido de ellas?, ¿se habrán perdido?, ¿habrán más fotos del poeta en archivos particulares?).




Máquina Underwood del tiempo de Oquendo.


   Esas doce fotos las vuelvo a publicar, doce fotos, pocas en realidad. Alguna vez lo comenté, los poetas peruanos (en líneas generales) no han sido muy dados a las fotografías, son muy pocas las que tenemos o se conservan, si comparamos con los inmensos archivos fotográficos de poetas chilenos y mexicanos (pienso en Pablo Neruda y en Octavio Paz). 



Imprenta donde se imprimió 5 Metros de Poemas.


   ¿Cuáles son estas doce fotos? Empecemos con la foto más antigua del poeta, esta es de 1908, cuando Carlos Oquendo contaba con tres años, lleva el cabello largo y ya se distingue su característica frente amplia.











   La siguiente foto es una imagen familiar, en ella se ve a Oquendo entre sus padres (el doctor Carlos Belisario Oquendo Álvarez y doña Zoraida Amat Machicao) con un traje de marinerito, la foto es de 1915, o sea, cuando el poeta tenía unos diez años.











   Parece ser que en la misma sesión de la foto anterior se tomó esta fotografía, Oquendo con el traje de marinerito está entre sus tías María y Leonor, debajo se hallan sus padres Zoraida y Carlos Belisario, entre ellos, doña Ignacia Álvarez Padilla, abuela paterna del poeta. La foto es, como puede verse en ella misma, del 15 de febrero de 1915.

















   La siguiente foto es de 1919, probablemente al año del fallecimiento del padre del poeta. Carlos, para entonces, tenía catorce años, es el primero de la izquierda, luego viene su tía María Luisa de Flor Alcázar, a continuación una persona no identificada, debajo se encuentran sus tías Leonor y María Oquendo, entre ellas se halla la abuela del poeta, doña Ignacia. Quien toma de la mano Leonor Oquendo es Rosa Elvira, prima del poeta.











   En una foto de 1924, se ve a un adolescente Carlos Oquendo de Amat de apenas diecinueve años, impecablemente vestido y acompañado de un primo suyo llamado Arturo Oquendo de la Flor.









   Hay un par de fotos del poeta con automóviles. En la primera imagen se le ve con su gran amigo, el escritor Adalberto Varallanos (de pie), la fotografía es de 1927 y fue tomada en el Parque de la Exposición.










    En la siguiente fotografía se le ve a Oquendo apoyado en el carro, brazo estirado, con sombrero, acompañado de unas damas y de Ernesto More, la foto es de 1928.











   La siguiente foto lo presenta a Oquendo ante el frontis del templo de Santiago Apóstol de Pomata (Puno), siempre elegante (terno oscuro) y con sombrero blanco en foto de 1928.















   Una foto curiosa del poeta es esta del año 1930, en Moho (Puno), el rostro de Oquendo está incompleto, apenas si se ven sus ojos y su frente amplia.











   La mejor foto que se conserva de Oquendo, rescate (como otras fotos) del gran poeta Omar Aramayo en la década del sesenta: es una foto grupal, el poeta de 5 metros... lleva abrigo, está con los brazos cruzados y no lleva sombrero. La foto es de 1930.














   Otra foto de 1930 es una que fue tomada en Huancané, en el matrimonio de Juan Sesarini con Alicia Olazával. Entre los muchos invitados se ve al poeta (encerrado en un círculo) elegantemente vestido con terno claro, sosteniendo lo que parece ser un bastón o paraguas y en una de sus rodillas su sombrero.












   Probablemente esta sea la última foto del poeta, es de 1931. Es una foto grupal y deja ver la elegancia de Oquendo, a pesar de sus problemas económicos, es el segundo de los sentados a partir de la izquierda.















   Y paramos de contar. Hasta el momento no hay más fotos de Carlos Oquendo de Amat, son solo doce las fotografías, es probable que existan otras, pero su ubicación es trabajo arduo que espera de investigadores apasionados de la vida y obra de este gran poeta nacido en Puno. Esperemos nuevas sorpresas para ir completando de a pocos la biografía de este poeta casi misterioso.
















   Continuará…





                                                          Morada de Barranco, 25 de marzo de 2018.






miércoles, 31 de enero de 2018

UNA DESPEDIDA PARA DOLORES O'RIORDAN






                                                                                 Mapa de música…
                                                                           Carlos Oquendo de Amat






  Aún no puedo creer la noticia: Dolores O'Riordan ha partido a donde se vive sin sombra. Quienes vivimos la década de los 90 aquí en el Perú, recordamos que eran tiempos difíciles, terribles: el terrorismo que nos desangraba, el gobierno corrupto de Fujimori y su mafia que todo lo embarraba... Años difíciles y desesperanzadores. 






   Para escapar de la oscuridad que parecía envolverlo todo, muchos nos aferrábamos a la vida escribiendo, el poeta chileno Enrique Lihn alguna vez lo dijo: “Porque escribí porque escribí estoy vivo”. La Poesía como sinónimo de vida, como signo de lucha, de resistencia: y así sobrevivimos cuando todo no era más que aviso de muerte y no exagero, quienes vivimos esa época lo recordamos, lo llevamos como una cicatriz que nunca ha de desaparecer. 






   Pero no había que rendirse, entonces decidimos resistir, decidí no sucumbir. La poesía, los libros, los amigos, la familia, los ideales inclaudicables y... la música. Sus sombras protectoras nos alimentaban y nos daban esas fuerzas necesarias. Y ahí estaba, entre varios, The Cranberries, dándonos nuevos aires para continuar con la brega diaria de enfrentar un presente negro y triste.






   Yo empezaba, entonces, lo recuerdo, mi labor de profesor de Literatura (años de aprendizaje, ya no en una carpeta, sino en el mismo campo). Regresaba en las tardes, casi noches, a casa, rendido y curiosamente entusiasmado de compartir varias horas de mi vida con jóvenes que no necesariamente tenían deseos de estudiar. Entraba a mi cuarto, encendía un negro minicomponente Sony (que hasta ahora conservo) y escuchaba la voz particular de Dolores como señal de vida y no exagero. 






   Al poco tiempo, cuando cada vez estaba más cerca la caída de Fujimori y su entorno, una luz diferente cubriría mi vida de esperanza y de una alegría que me haría ver la vida con otros colores: aparecería de manera natural como el viento entre las ramas Rita, my love. Nuevos paisajes se dibujaban en mis ojos, en mi vida. Luego llegaría mi hija y en mi casa (ya no la de mis padres) hubo, desde entonces, nuevas flores y aromas que escapaban a lo ya conocido. Como se ve, dos razones más que suficientes para vivir, para seguir viviendo, me llegaron en medio del lodo que significó esa década. 






   Los años han transcurrido, Fujimori escapó cobardemente, luego de años fue capturado, juzgado y condenado a prisión como acto de justicia y no de venganza ni de persecución política. Hace algo más de un mes, un presidente vestido de mentiras lo liberó, dizque para construir, pisoteando el dolor de los deudos, la reconciliación. No todo está dicho y habrá que salir nuevamente a las calles, como en los viejos tiempos… 







   Días después ocurrió la muerte de Dolores, la fatal noticia que motiva estas líneas y que abrió el territorio de los recuerdos, algunos dolorosos, pero que ayudaron a construir nuestras fortalezas y el espíritu indoblegable que nos gobierna.






   A pesar de esta tristeza por la partida de Dolores O'Riordan, escucho su música y se me humedecen los ojos ya no de pena, sino de esa alegría sin nombre que te proporciona una buena película, un buen libro, una buena canción como de The Cranberries en la voz de la gran Dolores O'Riordan.






   Que los dioses iluminen tu nueva senda, los que aquí quedamos, te celebramos escuchándote.







   Continuará…






                                              Morada de barranco, 31 de enero de 2018.





domingo, 31 de diciembre de 2017

LA ÚLTIMA ENTRADA DEL AÑO





                                                          Veo a la calle que está mendiga de pasos.
                                                                             Carlos Oquendo de Amat




   He andado postergando esta entrada. Como nunca, el mes de noviembre pasó y no “colgué” un texto, cosa que nunca había pasado en estos ocho años que administro esta bitácora. Me había propuesto como disciplina publicar mínimo hasta dos entradas por mes, pero fueron apareciendo otras ocupaciones propias de mi labor de profesor, sobre todo en el mes de diciembre, responsabilidades que me fueron creando un cuadro de estrés hasta que colapsé en diciembre del año pasado: surmenage. Frente a esta situación, meses después, decidí solo publicar cada vez que haya escrito un texto sin mayor presión, algo más natural. De a pocos fui cumpliéndolo.






   Pensé que a manera de cierre de este año que ya termina, que no ha sido bueno para mi salud, escribir unas líneas sobre múltiples cosas. Las que en el camino se vayan presentando. Por ejemplo, ahora que escribo esta entrada, acabo de descubrir a un músico peruano, arequipeño para mayor precisión, nacido con el siglo XX: Roberto Carpio (1900-1986) que compuso una pieza musical para piano cuyo título es: Suite Hospital (1928) (https://www.youtube.com/watch?v=WfAWdgC69hA). 







   Escucho sorprendido esta pieza musical e inmediatamente la relaciono con dos poemas, me refiero a Poema del manicomio de Carlos Oquendo de Amat (poema publicado en su mítico libro de 1927: 5 metros de poemas) y a Elogio de la locura de Xavier Abril (Poema publicado en su libro Difícil trabajo de 1935), ambos poetas vanguardistas y compañeros generacionales de Roberto Carpio, quizá, me digo, hasta se conocieron en las viejas calles de la Lima de los años 20. 







  Si bien la suite aludiría a un hospital dedicado a una enfermedad como la tuberculosis (enfermedad que llevaría a la tumba a Oquendo con apenas treinta años), pero en las notas del piano del Preludio de esta sorprendente suite se siente el ambiente opresivo, desesperado de un hospital, cualquiera, y con mayor razón un manicomio.







   Pero mientras Oquendo escribió un poema donde expresa su "miedo" por la locura, Abril le quita de manera irreverente ese halo de respeto y temor que se siente por ella. Dos formas de abordar un mismo tema y que de alguna manera se relacionan con la pieza del compositor arequipeño. Transcribo ambos poemas. 






POEMA DEL MANICOMIO



Tuve miedo
y me regresé de la locura

                           Tuve miedo de ser
                                                               una rueda
                                                                                    un color
                                                                                                     un paso


                                     PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS


                                                      Y mi corazón
                                                         un botón
                                                             más
                                                              de
                                                 mi camisa de fuerza


                    Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos
                    veo a la calle que está mendiga de pasos.
                                                                             
                                                                                                                        (1923)










ELOGIO DE LA LOCURA



La locura es mi constante existencia. Vivo de mi locura. La locura es mi clima. Por todas partes yo voy a la locura.

Un caballo blanco es mi locura. La carpa de un circo a donde no llega el tiempo, es mi locura. La trompa del elefante, además de un niño con miedo cerca del elefante, es mi locura. La butaca vacía de un teatro es mi locura. Y una playa con huesos de náufragos.

Soy una manera de la locura. La libertad de la locura. El fondo, si queréis, de la locura.

Sé que me aproximo a la vida perfecta de la locura.








   Y continuamos con estas líneas. Esta Navidad llegó y con ella algunos regalos que he ido devorando casi en el acto, ¿devorando?, cuidado, no me refiero a comida, hablo de libros y discos, que son otro tipo de alimento, igual de necesarios, por lo menos para mí. Un magnífico libro, obsequio de mi hermano Arturo: Las canciones de The Beatles de Steve Turner, libro que se detiene a contar la historia de cada una de las canciones de los Fab Four, obvio que este es un libro para admiradores (cuando un apreciado amigo se enteró del regalo me dijo: “Ese sería un libro que nunca leería”). Lo decía, para admiradores. Me cuento entre uno de ellos. Gran regalo que disfruto leyendo todo despatarrado.






   Un par de discos, obsequio de mi hermano Francisco y mi cuñada Milagros: The Beatles’ Second Album y Beatles VI. Son dos de los álbumes que la Capitol Records distribuía en territorio norteamericano alterando la edición británica, de tal manera que la discografía Beatle en Estados Unidos es completamente diferente al de Inglaterra (y de gran parte del mundo). Hasta que llega el año 1967 y la Capitol Records decide sacar a la venta los discos de The Beatles de acuerdo con la edición británica, esta puesta en línea empieza con el icónico Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, disco considerado como el mejor disco de rock de todos los tiempos (aunque yo discrepo, para mí, mejor es Abbey Road y a veces pienso que Revolver).  






   The Beatles’ Second Album es en la discografía británica el segundo álbum (antes se decía Lp) que lleva el nombre de With the Beatles (el de la famosa foto en blanco y negro), y que según muchos conocedores, es el disco más rockero de The Beatles. El Beatles VI corresponde al Beatles for sale, cuya foto a mí me gusta mucho aunque la mayoría dice que en ella se nota el cansancio de los músicos por tanta gira, de ahí que para algunos este sea el disco más bajo de toda su discografía. Discrepo, es un disco encantador, aunque sí, aquí volvieron a los covers (precisamente el tiempo era lo que menos les sobraba, para componer, por ejemplo), asunto que habían superado en el disco anterior donde todas las canciones eran de Lennon y McCartney. Luego de Beatles for sale todos sus discos tendían solo composiciones de los cuatro (incluyendo a Ringo).










   El porqué de estas dos ediciones diferentes en la discografía beatle se explica  porque los norteamericanos al ver el talento arrollador de The Beatles decidieron aprovechar al máximo esta “invasión británica” para ganar más dinero y lo hicieron: ahí donde los Beatles sacaban un álbum, la Capitol records sacaba dos, para eso alteraban los discos: quitaban canciones y agregaban otras de discos anteriores. En fin, business is business. Bueno, un par de esos discos han llegado a mis manos y su sonido es espectacular. Lo disfruto.






   En lo que respecta a los regalos que me compré, comentaré que me di el gusto de comprarme tres novelas que en estos días espero iniciar su lectura, me refiero a: Opiniones de un payaso de Heinrich Böll, novela que hace muchos años me recomendó que la leyera mi querido amigo y poeta Vicente Azar, siempre le escuché comentarios entusiastas sobre esta obra y no sé por qué fui postergando su lectura hasta que el día llegó, a tu nombre, recordado Vicente, la lectura de esta novela. Los otros dos libros son En octubre no hay milagros de Oswaldo Reynoso (hace poco fallecido) y Pálido, pero sereno de Carlos Eduardo Zavaleta, su mejor novela, según los especialistas. Debo comentar que hace poco leí y releí Los Ingar y Los  aprendices, magníficas novelas ambas, creo que Zavaleta es un novelista por descubrir o redescubrir, un escritor que pronto ocupará el sitial que se merece por la calidad de sus cuentos y novelas. El tiempo, el tiempo, definitivamente no hay mejor juez.






   Los horas pasan, en dos horas y media estaremos recibiendo el nuevo año, solo espero que 2018 sea un mejor año para mi salud y que los libros, los discos con música y películas sigan llegando, para mí esos objetos son sinónimos de paraíso que me alejan del mundanal ruido. Un abrazo y mis mejores deseos para cada uno de ustedes.







   Continuará…





                                                   Morada de Barranco, 31 de enero de 2017.