jueves, 27 de diciembre de 2018

ALGUNAS EDICIONES DE 5 METROS DE POEMAS






                                                                 Voz de ángel rosa recién cortada
                                                                         Carlos Oquendo de Amat







   Acabadas las clases y ya de vacaciones, estuve disfrutando de algunos libros cuya lectura había postergado por muchos motivos, sobre todo por las múltiples ocupaciones de mi labor como profesor en dos colegios. “Aquí vivieron” es uno de esos libros, un conjunto de cuentos de Manuel Mujica Lainez que iba leyendo en los días previos a la Navidad como si tuviera todo el tiempo del mundo; es decir, muy temprano (5 de la mañana) me levantaba, mientras Rita y Kathia todavía dormían, y con el libro en la mano me dirigía hacia la mesa hasta las 8:00 o 9:00 de la mañana en que prendía mi computadora y avanzaba o corregía la novela que estoy escribiendo.






   Con la Navidad llegaron algunos regalos, sobre todo libros que siempre son bienvenidos. Por ejemplo, “Diario de Santa María” novela del recientemente fallecido Edgardo Rivera Martínez, una novela que infructuosamente busqué por muchas librerías de Lima; sin embargo, mi hermana Gloria me sorprendió y ahora la leo, mejor dicho, devoro el libro por estos días. Los otros regalos que llegaron a mis manos en estas fiestas son “La caza sutil” de Julio Ramón Ribeyro y “Tarde o temprano”, libro que recoge la poesía de José Emilio Pacheco entre 1958 a 2009, ambos obsequios de mi hermano Arturo. Ya les llegará, y pronto, el tiempo de su lectura.









   Otro regalo que me alegró mucho fue el que me hizo mi hermano Paco: “5 metros de poemas” de Carlos Oquendo de Amat (Lluvia editores, noviembre de 2018). Libro vanguardista, el único que publicó el poeta puneño en 1927 (aunque parece ser que recién circuló en 1928). ¿Es que acaso no tenía el libro? ¿Recién lo iba a conocer? Todo lo contrario, es el libro de cual tengo la mayor cantidad de ediciones, en total doce. Según algunos, soy el poseedor de la mayor cantidad de ediciones de este libro innovador en el Perú.





   “5 metros de poemas” es lo que se denomina un libro-objeto, desplegadas sus páginas a manera de cinta, esta mide aproximadamente cinco metros. El título (y todo el libro) sería una crítica sutil al capitalismo (al consumismo) donde todo se podría vender, incluso la poesía. De ahí que la larga cinta que conforma el cuerpo del libro podría referirse también a una cinta métrica de esas que solían emplear los carpinteros. Pero el libro está también está relacionado al cine, todo el poemario sería una sesión paródica de cortos cinematográficos donde cada poema bien podría ser un cortometraje (incluso hay una página que dice 10 minutos de intermedio) que ejercería con humor y ludismo su sutil crítica. Menciono al cine, pero obviamente hablamos del cine mudo cuya magia conquistó entonces el interés de Carlos Oquendo de Amat (de Xavier Abril, de Enrique Peña Barrenechea, de Martín Adán), del mundo entero.






   Es curioso, pero en un inicio no fue propósito mío coleccionar las ediciones de este maravilloso libro. Estos fueron llegando muchas veces de manera casual, me topaba con una u otra edición en librerías de viejo, en algún quiosco eventual, en algunas librerías hoy desaparecidas. Las últimas ediciones sí, debo reconocer, las he ido buscando. ¿Tiene alguna finalidad este afán? Por ahora poseerlos (y leerlos, mejor dicho, releerlos) y en algún momento donarlos a algún centro cultural que ojalá llevara el nombre de Oquendo y quede como material bibliográfico de su biblioteca y que sus visitantes vean todas las ediciones de este libro único.






   La primera vez que vi este libro fue en la mítica librería El caballo rojo. Era la edición de Petroperú del año 1980. Recuerdo que tomé el libro, lo revisé rápidamente y lo dejé en el mismo lugar. Luego me arrepentiría, pues por más que lo busqué, nunca pude encontrar un ejemplar. Un tiempo después, allá por el 83, hallé en la librería de viejo del señor Muñoz, que se encontraba en la cuadra 8 de jirón Azángaro, una edición pequeña que respetaba el formato del libro aunque no reproducía la carátula, era la segunda edición del poemario, 42 años después, de Editorial Decantar de 1969. El libro es pequeño pero tiene grandes errores (por ejemplo, altera el orden de los poemas).






   Corría el año 1986, yo regresaba de visitar el convento de los Descalzos, en el Rímac, cuando en la plazoleta donde se encontraba el monumento a Francisco Pizarro, ubiqué un quiosco de la Municipalidad de Lima que vendía ejemplares de una edición facsimilar del poemario, aunque en edición más pequeña. ¿Su valor? S/. 10 intis. Compré dos ejemplares que hasta hoy conservo. Esta edición corresponde a la colección de Munilibros 3, estaba auspiciada por la Municipalidad de Lima Metropolitana cuando el alcalde era Alfonso Barrantes Lingán, el popular “Frejolito”. Acompañaba al libro un cuadernillo con unas palabras de Alberto Tauro y los cuatro poemas sueltos que hasta entonces se conocían.






   Años después, aún en la década de los 80, hallé en la desaparecida librería El Sótano, que se ubicaba en una esquina de la Plaza San Martín, un libro que recoge todos los poemas del libro de Oquendo, aunque sin respetar su formato y los cuatro poemas sueltos, me refiero a “Vuelta a la otra margen” (selección de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo que recoge también poemas de César Moro, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Jorge Eduardo Eielson, Leopoldo Chariarse), una edición de la Casa de la Cultura de 1970.






   En abril del año 1991, compré en la pequeña y ya desaparecida librería Germinal (que funcionaba en la calle Tambo de Belén) una edición de “5 metros de poemas” que incluía poemas sueltos publicados en revistas de la época. Me refiero al libro titulado “Voz de ángel / Obra poética completa”, una edición (que respeta el formato del libro, pero no el tamaño original) publicado por Editorial Colmillo Blanco del año 1990. Obviamente, quien me atendió y vendió el ejemplar fue la siempre recordada amiga Virginia Vílchez.






   A partir de aquí, ya los libros que vinieron fueron producto de una búsqueda. Como sucedió catorce años después, mes de julio del año 2005, en que realicé un largo “viaje” desde Barranco hasta las instalaciones de la Universidad Ricardo Palma (Surco), para comprar la entonces reciente edición facsimilar de “5 metros de poemas”, este sí del mismo tamaño del de la primera edición. Era el primer ejemplar idéntico al del año 1927 que tenía en mi poder. ¿Su precio? Pues S/.20 soles, una bicoca.






   Diez años después, la librería Contracultura había abierto un local en la cuadra cinco de la avenida Grau de Barranco. Días previos a la Navidad fui a hacer unas compras. Allí halle una edición de “5 metros de poemas” del cual ya estaba enterado. Es una edición que reproduce el formato aunque no el tamaño, la carátula esta intervenida. Los poemas están tipeados en una vieja máquina de escribir (quiero pensar en una Underwood). El libro al que hago referencia es una edición de la misma librería, del año 2013.






   Al año siguiente, agosto de 2016, compré una edición bilingüe de “5 metros de poemas” en la librería Inestable de Carlos Carnero. Es una edición estadounidense: “5 Meters of Poems”, Lost Literature Series, Ugly Duckling Presse, Brooklyn, Nueva Yory, 2010. La traducción fue realizada por Alejandro de Acosta y Joshua Beckman. El libro está impreso por ambos lados, la cara principal en inglés y el reverso en castellano, incluye también los cuatro poemas sueltos. Es una edición que replica en formato y tamaño al original.






   En abril de 2017 compré en la desaparecida librería La Libre de Barranco, una edición con el título de “5 metros de poemas y otros textos” de la Colección La Fuente Escondida de la Biblioteca Abraham Valdelomar, Ica, 2012. El libro, por cierto, contiene el poemario sin reproducir el formato, también los clásicos cuatro poemas sueltos y otros descubiertos en el transcurso, a ellos se añade dos prosas: “Nueva crítica literaria” y “Alberto Hidalgo. Los sapos y otras personas”. El libro tiene una presentación de Sylvia Miranda.






   A mediados del año pasado, compré a través de Facebook dos ediciones del poemario. El primero de ellos, una edición cuyo título es “5 metros de poemas” que pertenece a la colección El Manantial Oculto N° 27, auspiciada por el Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, del año 2002. Esta colección dirigida, como la anterior (La Fuente Escondida), por Ricardo Silva-Santisteban, reproduce el poemario (no el formato), poemas sueltos y las dos prosas anteriormente mencionadas. Viene acompañada de una presentación de Daniel Salas Díaz.






   El segundo ejemplar de esa compra fue el de Ediciones Copé, Petróleos del Perú, por fin, treinta y siete años después en mis manos. En realidad esta es la tercera edición de “5 metros de poemas” y la primera idéntica al de 1927; es decir, cincuenta y tres años después se pudo contar con una edición que, en la medida de lo posible, siempre debe conservar su formato y tamaño, pues en este libro visual, lúdico, nada está al azar: la distribución espacial de sus versos, la diversidad tipográfica, la sensación de movimiento a través de sus páginas desplegables que nos remonta a una cinta de celuloide: en este poemario todo tiene un porqué, nada es gratuito.






   Este año que va acabando también tuvo agradables sorpresas. En junio conseguí la bella edición intervenida de la Máquina Purísima del año 2014, dirigida por la poeta Cecilia Podestá. ¿Cómo llegó a mis manos? Alguien, cuyo nombre me reservo, me vendió el ejemplar de esta edición agotada. “Con tanto libro, ya no hay sitio en casa”, me dijo. Y bueno, ahora forma parte de la colección.






   Y como lo mencioné al iniciar esta entrada, hace tres días me obsequiaron por Navidad la edición reciente e intervenida de Lluvia Editores. Una edición bella e impecable, salvo por un error: en la solapa del libro hay un dibujo basado en una fotografía de alguien que definitivamente no es el poeta Carlos Oquendo de Amat. Es un error que se viene repitiendo, lamentablemente. Pero es una bellísima edición.






   A pesar de las varias ediciones que poseo, no las tengo todas (partiendo del hecho que sería un imposible conseguir un ejemplar de la primera edición), entre ellas hay algunas traducidas al inglés, al italiano, según mi amigo, el poeta Omar Aramayo, incluso hay una edición en japonés que no conozco. El libro se ha editado en México, en España, en Argentina, sé de la existencia de dos ediciones en Puno, ambas pequeñas, la última de ellas se presentó en junio de este año…, en fin, son ediciones que espero conseguir. 






























   Por cierto, a diferencia de ciertos fanáticos coleccionistas que ni tocan los objetos de su colección, edición nueva que llega a mis manos es libro que palpo, huelo y leo, que disfruto de su lectura; es decir, me sumerjo complacido en las frescas y transparentes aguas de los versos inmortales del gran Carlos Oquendo de Amat. 







Continuará…





                                              Morada de Barranco, 27 de diciembre de 2017.






lunes, 8 de octubre de 2018

UNA PEQUEÑA ENTREVISTA






                                                    Nosotros desentornillamos todo nuestro optimismo
                                                                                      Carlos Oquendo de Amat






   Lo que nunca había sucedido, pasó. Me refiero a que dejara pasar varios meses sin publicar una entrada en esta bitácora. Durante varios años colgué dos entradas por mes, disciplinadamente cumplí hasta que colapsé: las excesivas actividades, el afán por cumplir con cada una de ellas sin posibilidad de postergación me provocó estrés, mal del cual poco a poco voy saliendo.





   Desde la última vez que publiqué en el blog han transcurrido cuatro meses y medio, aproximadamente. Mucho tiempo para mi gusto. En esta noche tibia de octubre, día feriado por estas tierras, con algo de ánimos voy pergeñando estas líneas sin aún saber sobre qué voy a escribir específicamente. En realidad, como ya otras veces ha ocurrido, digito de acuerdo a lo que en el momento va saliendo y tengo la esperanza que agarre cuerpo y una vez terminado espero quedar conforme. Espero, digo, uno nunca sabe.






   He de comentar que luego de mi regreso de Ayacucho, viaje del que espero escribir en una próxima entrada, he venido leyendo varias novelas breves (Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, Esta casa vacía de Marco García Falcón, La tregua de Mario Benedetti, Estas ruinas que ves de Jorge Ibargüengoitia, Este domingo de José Donoso), visionando algunas películas en compañía de Rita. Luego de cada película, como si fuera de ley, ambos comentamos apasionadamente tal o cual escena, algún personaje que nos dejó deslumbrado... Algunos de esos filmes han sido La muchacha de la valija con la bellísima Claudia Cardinale o Gilda, ese mítico film donde deslumbra la pelirroja Rita Hayworth o Secreto tras la puerta con una de las mujeres más bellas del cine: Joan Benett. El cine, una de mis pasiones mayores y la visión de cada una de estas películas no es más que la confirmación de mi rotundo amor por el séptimo arte. 






   Junto a estas actividades, he venido viendo en internet  algunos videos que robaron mi atención. Algunos de estos videos son pequeñas entrevistas a escritores (sobre todo mexicanos) que responden sobre sus libreros, sobre su biblioteca. Ya alguna vez he practicado este saludable ejercicio de hacerme preguntas cual si fuera un entrevistado cuyas respuestas son esperadas por un sinnúmero de lectores ávidos. Un juego que disfruto y cuyas preguntas me las aplico a continuación.






1. ¿Cuántos libros tiene tu librero?

Nunca los he contado, pero calculo que deben haber más de 5000 libros. Espacio en él ya no hay, por tal razón los libros se encuentran en casi todos los ambientes del departamento que ocupo, menos en la cocina y en el baño. Torres de libros por todo lado: definitivamente, lo que más abunda en casa son los libros.






2. ¿Los has leído todos?

Imposible. Creo que fue Anatole France (me puedo equivocar) a quien algunas vez le preguntaron lo mismo y él respondió que no, que no había leído todos los libros de su biblioteca porque necesitaba tiempo para seguir comprando más libros.





3. ¿Cuál es el libro más nuevo o reciente que ha llegado a tu biblioteca?

Sin lugar a dudas Esta casa vacía, novela que recibió el Premio Nacional de Literatura 2018, del narrador peruano llamado Marco García Falcón. Pero mañana o pasado puede ser ya otro el título (o títulos) que mencione, más si ando a la cacería de unas novelas sobre las que he encontrado pistas para que lleguen a mis manos, hablo de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia y Diario de Santa María del recientemente fallecido Edgardo Rivera Martínez.






4. ¿Cuál es el libro más viejo de tu librero?

Un libro de 1866, Últimas confidencias por Alfonso de Lamartine, escritor romántico francés. Libro al cual le guardo mucho cariño pues con él tengo una anécdota bastante extraña. Lo compré en la década del ochenta en una esquina del jirón Lampa, centro de Lima, me costó muy poco. En su interior hallé un trébol de cuatro hojas y después una hojita de un antiquísimo calendario cuya fecha me dejó boquiabierto: 14 de enero, el día de mi cumpleaños. ¿Sería algún anuncio? 






5. ¿Quién te despertó el amor por la lectura?

Mi padre. Cuando niño, en ciertas noches, después de la cena, nos contaba a mi hermana Gloria y a mí pasajes de la historia universal con un encanto tan especial que conforme mi padre contaba me parecía ver imágenes como en la pantalla de un cine. Nunca he olvidado esa experiencia que me condujo a los libros, a mi necesidad de echar a volar mi imaginación.





6. ¿Cuál libro no has leído aún?

Varios. Algunos de ellos son de los que se llaman clásicos. De mi biblioteca, la novela Ulises de James Joyce, otra novela es Esplendores y miserias de las cortesanas de Honoré de Balzac o Las palmeras salvajes de William Faulkner. Y no es que no lo haya intentado. Varias veces empecé a leerlas, pero a las pocas páginas las dejaba. Supongo, así lo quiero creer, que estarán esperando su momento oportuno. Una novela que no tengo y espero leer pronto es Gargantúa y Pantagruel de Francois Rabelais, según mi hermano es desopilante.






7. ¿Cuál es la joya de tu librero?

Aunque no están en mi librero (por falta de espacio, ya lo decía), mencionaré a 5 metros de poemas (1927), único poemario del legendario Carlos Oquendo de Amat. Según me han dicho, parece ser que soy el que tiene la mayor cantidad de ediciones diversas de este libro: doce ediciones. Los primeros ejemplares fueron llegando sin proponérmelo, ya después he ido buscando y consiguiendo algunas ediciones como una versión en inglés de una universidad norteamericana. Espero que muy pronto lleguen a mis manos una edición en lengua italiana y, según mi querido amigo, el poeta Omar Aramayo, una edición japonesa que nunca he visto, pero si lo dice él, es porque es cierto. Habrá que buscarlos.





8. ¿Qué libro has regalado?

Sin pensar mucho, diré que 5 metros de poemas de Oquendo de Amat y La casa de cartón de Martín Adán. La perfección y belleza de esos dos libros me lleva a querer compartirlo con alegría. Habré regalado unas seis veces entre los dos.






9. ¿Cuál autor es el que se repite más en tu librero?

Varios. Alfonso Reyes, el polígrafo mexicano del que he disfrutado y disfruto cada uno de sus libros. Mi maese Stefan Zweig de quien compraba (hoy no lo haría) en mi adolescencia ediciones populares chilenas muy antiguas en papeles gruesos, porosos, amarillentos que hoy son ejemplares que conservo como prueba de mi amor insobornable por su obra. Libros de Augusto Monterroso, de Julio Ramón Ribeyro, en fin.






10. ¿Qué libro no has devuelto?

No son muchos, pero son. No quiero mencionar los títulos, obviamente tampoco los nombres de quienes alguna vez me lo prestaron. En mi descargo diré que así como no he devuelto esos dos o tres libros que me prestaron, yo he prestado varios libros que jamás me devolvieron: Poesía completa de Thomas Eliot, Pedro Páramo de Juan Rulfo, Lucha contra el demonio de Stefan Zweig, Poesía completa de César Vallejo, Yawar fiesta de José María Arguedas, Los versos del capitán de Pablo Neruda, La región más transparente de Carlos Fuentes, entre los que recuerdo. Desde hace mucho ya no presto libros, como dice el dicho: “Tonto el que presta un libro y más tonto el que lo devuelve”.








                                           Morada de Barranco, 8 de octubre de 2018.



domingo, 20 de mayo de 2018

¿APUNTES DE UN DIARIO?


                                                              




                                                           Y nos pintaremos el alma de inteligentes.
                                                                              Carlos Oquendo de Amat






Barranco, 31 de enero de 2018.



Para mí la música es una pasión. Vivir sin ella, como decía Friedrich Nietzsche, sería un error, un garrafal error.  
Hace unos días escribí un texto muy sentido sobre la muerte de la cantante Dolores O'Riordan, cuyas canciones nos acompañaron a los que vivimos momentos terribles en el Perú: la música siempre fue para mí un punto de apoyo, un territorio para la resistencia y allí me aferré y nos aferramos muchos. Para mí música es vida.
Pero ahora no quiero escribir sobre la tristeza y el dolor por la muerte de alguien, quiero escribir sobre la gran experiencia que vivo cada que escucho una canción de Radiohead, por ejemplo Fake Plastic Trees, una canción de melodía triste, tristísima, con una letra que le permite a Thom Yorke expresar su visión de un mundo desolado, triste, injusto, consumista y plástico (como lo dice de mejor manera Yorke en versos como estos: "Ella parece real / y sabe a real / mi falso amor de plástico...").
Así, sin necesidad de leer un mamotreto de Economía o Sociología, Yorke, con mucha sensibilidad expresa ese infierno competitivo y deshumanizado en que se han convertido nuestras sociedades. El arte no es pues expresión, como creen muchos, de quienes viven de espaldas a su realidad: el arte es la expresión y el producto de esa realidad: leer un poema de Oquendo o escuchar una canción de Yorke no solo es zambullirse en sus espíritus, es también conocer esa realidad que los llevó a crear lo que hicieron, y nosotros agradecidos. 
Con un solo ojo, Thom Yorke, ese divino tuerto, ve mejor que nosotros, mucho mejor.







Barranco, 4 de febrero.


Lo reafirmo: La felicidad tiene el color de tus ojos.



Barranco, 8 de febrero de 2018.


Ayer me preguntaron: "¿Qué te gusta de la salsa?" (se referían al ritmo musical). Cuando dejan de tocarla, respondí, je. No me gusta la salsa, pe.



Barranco, 16 de febrero de 2018.


El amor es eterno... mientras dura.



Barranco, 20 de febrero de 2018.



Por lo general, prefiero conversar más con mujeres: son casi siempre más inteligentes y más intuitivas, están un paso más allá, por lo general. Yo que vivo con dos mujeres lo sé (por si acaso me refiero a mi hija y a mi esposa). 



Barranco, 13 de marzo de 2018.


¿Puede haber algo mejor que estar sentado junto a Rita, conversar, tomar una taza de café negro como la noche que envuelve a Barranco, mientras se escucha el Ok Computer, ese maravilloso disco de Radiohead? ¡Sí! Por ejemplo: estar sentado junto a Rita, conversar, tomar una segunda taza de café negro como la noche que envuelve a Barranco, mientras se escucha, por segunda vez, el Ok Computer, ese maravilloso disco de Radiohead








Barranco, 16 de marzo de 2018.



Últimamente la obra de Neruda se me cae de las manos, se me hace insoportable (salvo "Residencia en la tierra"). La repetición incansable de recursos enumerativos, anafóricos de su poesía me cansa, me aburre, cuánto palabreo por Dios. En cambio las obras de César Vallejo y Martín Adán crecen, se me hacen imprescindibles. Vallejo debe estar, mejor dicho, está entre los cuatro o cinco grandes poetas del siglo XX, junto con (apunten) Fernando Pessoa, Paul Celan, Ezra Pound, T. S. Eliot y Ósip Mandelshtam. Martín Adán está por ahí nomás.









Barranco, 25 de marzo.


A buen entendedor...

Una vez amé,
pensé que me amarían,
pero no fue así,
no fue así por la única gran razón,
porque no tenía que ser.


Gracias Pessoa.



Barranco, 2 de abril.


Poema del día (o de la noche). Lo suelo emplear como ejemplo del género lírico y siempre veo, cuando termino de leerlo, ojos empañados, disimuladamente empañados. Suelto el poema.


EPIGRAMA

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba,
y tú, porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos, tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

                               Ernesto Cardenal



Barranco, 3 de abril de 2018.



Por estos días estoy escogiendo mis mejores tristezas para el concierto de Radiohead. Hay que estar a la altura de las circunstancias: recontra sad.





Barranco, 14 de abril de 2018.



Me gusta estar contigo y otras… sintigo. 





Barranco, 18 de abril de 2018.



Y la cantó el ya legendario Thom Yorke, me refiero a la inesperada canción Creep. Esta anécdota no lo fue todo en el concierto de anteayer que empezó a las 9:00 p. m., hubo más, mucho más, total, fueron veintiséis canciones, entre las que se encontraban algunos de mis temas favoritos de Radiohead, y yo los escuchaba y los tarareaba con los ojos empañados, con lágrimas que trazaban surcos catárticos (qué tal palabrita, eh) en mi rostro. Cómo no quedar conmovido con temas como No Surprises; Fake Plastic Trees; Exit Music; There, There; Paranoid Android; Street Spirit; Karma Police y Daydreaming, la canción con la que abrieron el concierto (aunque debo decir que extrañé a Let Down, House of Cards, Nice Dream, How To Disappear Completely, por mencionar a algunas). Pero no hay que pedir mucho, la de anteayer fue una noche irrepetible, espléndida: el sonido y la furia en aproximadamente dos horas y media.
Con mi esposa, mi hija, mi hermano y miles más quedamos deslumbrados, extasiados (que poco expresan las palabras, por Dios) con la música de Radiohead que nos detonaba en las venas.
Sí, señores, el paraíso existe y tiene nombre: se llama música. 
Thanks, vida.







Barranco, 24 de abril de 2018.


Hace un año escribí:


UNAS LÍNEAS PARA ADRIANO MUÑOZ


Luego de varios días podré escribir algo sobre mi querido Adriano. El golpe fue y es muy fuerte, me hirió como no se pueden imaginar, por eso no quise ir a su velorio ni a su entierro, era mi resistencia a la fatal noticia, pero desde entonces no he dejado de llorar su pronta partida, me acuerdo de él y una gran tristeza me invade, una sensación de fragilidad me domina y tiemblo de solo pensar en lo frágil que es nuestra vida: un paso (uno breve) y estamos al otro lado, así de sencillo, así de terrible...
A pesar de toda esta tristeza, trato, intento ver las cosas de otra manera, entonces me acuerdo de su risa, de sus gritos, de su buen humor, de sus muecas, de su bello corazón y espíritu que tanto nos ayudó a los que lo conocimos: esas sus ganas de vivir, de hacer cosas, a pesar de algunas de sus tristezas, fue una lección y yo se lo agradezco por haber sido un ser de luz en mi vida.
Con Adriano siempre me llevé bien, aunque a veces se resentía conmigo, pero hablábamos, por ejemplo de música (“Profe, ¿ha escuchado Meshkalina?”. Y no va ser, le respondía. “Entonces, un porrito, pe, profe”. Y se reía como un condenado), otras veces hablábamos de sus sueños y de sus penas, porque las tenía y lo escuchaba y me escuchaba y cuando terminaba de hablarle, solía decirme: “Profe, lo quiero un culo, no lo quiero como a un padre, lo quiero como a un abuelo..., por la edad, pe” y lanzaba una risa mientras yo le soltaba un puñete en el brazo. Era así de sincero, era así de jodido. En verdad hablando, era un loco tierno que pasó como un relámpago por la vida y nos dejó algo de su luz a los que lo conocimos, de ahí la tristeza, la resistencia ante lo inevitable. Proceso su muerte y siempre pienso en su madre y deseo que tenga fuerzas para enfrentar el dolor por la muerte de su único hijo…
Adriano, mi querido Adriano, en mis lágrimas y en estas líneas va mi enorme afecto, mi cariño sin fondo, ese mismo cariño que nos entregaste a cada uno de nosotros, los que pertenecimos (soy uno de ellos) a la Promoción Fiat Lux, tu otra familia. 



Barranco, 11 de mayo de 2018.


Aún lo recuerdo. Corría el año 90. El auditorio estaba repleto. Poetas de todas las universidades leerían sus poemas. Ahí estaba yo, algo (en realidad bastante) nervioso: era la primera vez que leería mis poemas ante un mar de gente, sentí que era como quedar desnudo. No había otra: leer. Y así fue, leí. Alguien sacó esta foto de ese ya lejano día en que enfrenté mis miedos y hemos continuado en la brega.







Barranco, 17 de mayo de 2018.


El sol de lima lo detesto: me aturde, me aplasta. Se acerca el tiempo de las chalinas…





   Continuará…


                                                  Morada de Barranco, 20 de mayo de 2018.