Cuento los días. Llega
setiembre. Escribo con ansias.
Marco Martos
A un día del inicio formal de la
primavera, va esta primera entrada del mes de setiembre. Setiembre de 2014: mes
de lluvias (cuando todo haría suponer que el invierno se va alejando), de días
inolvidables en que la garúa nos visita para ir despidiéndose hasta el próximo
año. Mes que ha sido (y es) propicio para las lecturas, para los libros. ¿Una
explicación por esta aseveración? Bueno, comienzo diciendo que son cosas mías y
no leyes universales.
Sobre las lecturas diré que por estos días
voy leyendo algunos libros, de manera desordenada, aprovechando los tiempos
libres. Por ejemplo, la relectura de un libro que me transporta al pasado de mi
país: Historia del Tahuantinsuyu de
María Rostworowski. Un libro que rompe el mito ese de pensar la sucesión de los
incas a la manera europea: muerto el sapa inca, el heredero del trono era el príncipe, el primogénito. Falso. Conceptos occidentales muy
alejados, por ejemplo, de las panaca,
de las rivalidades de estas para designar al nuevo gobernante: de no llegar a
un acuerdo “diplomático” se iban a la guerra y el más “capaz”, o sea el triunfador, ese era el sucesor, y
este podía ser cualquiera de los hijos del inca fallecido que tuvo con cualquiera de sus muchas mujeres (cada una de ellas representaba a una panaca).
No era, pues, como muchos nos hicieron creer, que el Tahuantinsuyu estaba en
decadencia cuando Pizarro y sus huestes llegaron por estas tierras y se
enteraron de la rivalidad de Huáscar y Atahualpa (con la consecuente victoria
de este último), era algo, digamos, que podía suceder, que ya había sucedido: lucha de las panaca por el poder. Libro recomendable
si es que queremos pensar a una parte de nuestro pasado de una manera diferente,
más cercana a la realidad.
Hace unos tres meses compré un libro que
salió a la luz en 1996, editado por PEISA. Leve
reino (que es el libro del que hablo) recoge los poemarios publicados hasta entonces por Marco Martos.
Entre ellos uno especial que había leído (gracias a la generosidad de un amigo)
hace una buena punta de años: Cuaderno de quejas y contentamientos, del año
1969. Libro breve que por estos días disfruto lápiz en mano. Y no es para
menos, el poemario de Martos conforma esa cima poética lograda con otros libros
de compañeros de la llamada Generación del 60, pienso en Las constelaciones de Luis Hernández, Canto ceremonial contra un oso hormiguero de Antonio Cisneros, Contra Natura de Rodolfo Hinostroza, Estación reunida de Javier Heraud, Arte de navegar de Juan Ojeda…
He aquí una muestra poética, precisamente el
primer poema del libro, en ella (como en los otros poemas) se percibe esos
aires frescos de la poesía de habla inglesa (Eliot, Pound) que llega a nuestras
letras fertilizándola, también es notorio el gusto y fidelidad de sus lecturas
de los clásicos españoles, esto último hace muy particular su poesía, si pensamos por ejemplo en la poesía de Rodolfo Hinostroza o Mirko Lauer.
MUESTRA DE ARTE RUPESTRE
Io sono stanco.
¿Para esto matrimonio?
Mis hijos viven en una jaula de locos,
rodeados de extraños agrupados
vagamente con el nombre de parientes.
En el pequeño jardín
nadie sabe de quién son los pañales,
de quién las camisas, de quién el aire.
Si me descuido
me cambian un hijo por otro.
¿A quién echarle la culpa?
¿A la matrona en esencia bondadosa?
¿A mi mujer, plena de amor y desde hace años
embrujada por un verso que me costó noches en vela?
¿A mí mismo, de tristes oficios?
Mi sueldo (y el tuyo lector)
no alcanza.
Muchos miran con envidia estos ingresos.
Y hay en el Perú varios millones peor que nosotros.
¡Quiero una casa! Sueño.
Engels, de profeta, opinaba que aquí,
con este sistema, no hay solución al asunto.
Con rabia y sin vergüenza
sobre las páginas de Engels,
salen con duelo mis lágrimas corriendo.
Quiero una casa. Sueño. Io sono stanco.
Maldigo. Yo soy el muerto en vida.
El que hace reglamentos.
¿Para esto matrimonio?
Mis hijos viven en una jaula de locos,
rodeados de extraños agrupados
vagamente con el nombre de parientes.
En el pequeño jardín
nadie sabe de quién son los pañales,
de quién las camisas, de quién el aire.
Si me descuido
me cambian un hijo por otro.
¿A quién echarle la culpa?
¿A la matrona en esencia bondadosa?
¿A mi mujer, plena de amor y desde hace años
embrujada por un verso que me costó noches en vela?
¿A mí mismo, de tristes oficios?
Mi sueldo (y el tuyo lector)
no alcanza.
Muchos miran con envidia estos ingresos.
Y hay en el Perú varios millones peor que nosotros.
¡Quiero una casa! Sueño.
Engels, de profeta, opinaba que aquí,
con este sistema, no hay solución al asunto.
Con rabia y sin vergüenza
sobre las páginas de Engels,
salen con duelo mis lágrimas corriendo.
Quiero una casa. Sueño. Io sono stanco.
Maldigo. Yo soy el muerto en vida.
El que hace reglamentos.
Desde hace un buen
tiempo atrás venía persiguiendo un libro de Victoria Guerrero, poeta peruana.
El poemario al que aludo es Berlín,
que fue publicado el año 2011. Apenas si había leído un puñado de poemas (que me gustaron mucho) de
este libro cuyo título me pareció sugestivo, aparte del hecho de que la capital
de Alemania ha ejercido un atractivo sobre mí que no sé explicar: no París, Roma, Londres, Viena o Praga, sino Berlín, tanto así que incluso en el cine, tres de las
películas que más amo tienen que ver con esta ciudad: Berlín: Sinfonía de una
ciudad (film mudo de Walter Ruttmann, del año 1927); Alemania, año cero (dirigida por Roberto Rossellini y estrenada en
1948) y Cielo sobre Berlín (estrenada
en 1987 y dirigida por Win Wenders). Las tres grandes maravillas del cine. No tuve la suerte de conseguir el libro de Victoria,
pero no cejé en su búsqueda. Terco siempre he sido (mejor dicho, constante).
Hasta que hace unos seis
días realicé una compra que me resultó doblemente agradable en una librería que
recién abrirá sus puertas el día de mañana. Me refiero a la librería La Libre, ubicada en Barranco (avenida
San Martín N° 144). Esa compra, según Ana, dueña junto con Carlos (ambos
ciudadanos españoles), me tornó en una "persona inolvidable": resulté con mi compra ser el primer
cliente de la librería. Esa condición, para alguien como yo que ama los libros,
es un honor y espero que la compra de Documentos
de barbarie / (Poesía 2002 – 2012) de Victoria Guerrero (tres bellos libros
del sello de Paracaídas editores, entre los cuales se encuentra Berlín) sea el anuncio de una larga vida
en un medio donde hay pocas librerías o ninguna (por Dios, Barranco se anuncia
como distrito cultural y no poseía ninguna librería, una vergüenza, por
cierto). En otras palabras, espero haberles dado suerte.
Así que henchido de
orgullo muestro los libros (por cierto, Ana y Carlos tuvieron a bien hacerme un descuento especial) que empecé a leer a varios kilómetros
de Barranco, me refiero a la soleada Chaclacayo donde he estado este fin de semana, ya en mi morada he iniciado la lectura del segundo libro y mis expectativas no han sido defraudadas, Victoria Guerrero es una gran poeta, una poeta con muchos recursos. Por si hubiera dudas sobre mi
honorable condición de primer cliente de La Libre muestro la boleta de venta con el número 000001.
Comprenderán que no es de todos los días.
Una curiosidad, junto al local de la librería La Libre,
se ubica la antigua casa, con ventana redonda (como el de los barcos), de un personaje de leyenda de la
poesía peruana: la bella Nelly Fonseca Recavarren (1922 - 1963) quien, a raíz de un accidente,
quedaría postrada en una silla de ruedas desde niña. Poco tiempo después recortó su cabello y vistió como un joven desafiando a la pacata sociedad. Este nuevo personaje tendría su propio nombre: Carlos Alberto
Fonseca, que era así como firmaba muchos de sus poemas y libros.
Recuerdo que hace unos años atrás, allá por el 94 o 95, visité la casa de la poeta y
conversé con sus hermanos que conservaban amorosamente las pertenencias de la
hermana ya fallecida: sus libros, su correspondencia, sus cuadros, sus muñecas que ella misma vestía, sus trofeos y diplomas, sus poemas
inéditos. Entusiasmada con la idea de publicar algunos poemas de Nelly, la hermana tuvo la confianza y la generosidad de entregarme tres o cuatro sonetos que lamentablemente no llegaron a publicarse en Tocapus, la revista que entonces editaba, por algunos asuntos propios de las revistas que no es el caso recordar.
Setiembre, mes de
libros, espero que así sea con uno mío, pues hace cuatro días inicié conversaciones
para publicar mi quinto libro, espero que ello ocurra en el mes de noviembre y
que este poemario trabajado durante tantos años salga a la luz: Donde mi calle acaba es un libro al que ya le llegó la hora, creo, de transitar
y hacer camino. Esperanzado y alegre ando por estos días y
no veo las horas en que mi libro esté ya en mis manos: hojearlo, acariciarlo cual
si fuera un hijo que luego de mucho llega a casa y es recibido con alborozo y,
lo repito, con mucha esperanza.
Continuará…
Morada de Barranco,
22 de setiembre de 2014.
Profesor, me gustó mucho esta entrada. Qué bueno que usted haya sido el primer cliente, ya me imagino como se habrá sentido. :)
ResponderEliminarRespuesta después de años... Me sentí contento en su momento, aunque la librería ya no existe.
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