lunes, 28 de enero de 2019

TARDES DE CINE



                                           



                                                         Tú que llevas prendido un cine en la mejilla
                                                                             Carlos Oquendo de Amat







   El año empezó bien. El 3 de enero me llegó una nueva edición de 5 metros de poemas de Carlos Oquendo de Amat, una edición del Fondo Editorial de la Derrama Magisterial del año 2015. Con este ejemplar tengo ya trece ediciones de este libro mítico de la poesía peruana. Contento.






   Algo que quiero comentar en esta bitácora, que se acerca a los diez años, es que por estos días, en las tardes, junto con Rita estamos visionando una serie de películas: una película diaria, para mayor precisión. Ya es, digamos, tradición en casa. En los meses de enero y febrero, tiempo de vacaciones, los dedicamos a descansar, a olvidar un poco las exigencias del trabajo, cargamos energía para cuando reiniciemos las labores escolares, como todos los años.






   En la tranquilidad de casa nos abandonamos en estas tardes de cine, como las llamamos. Es un momento de comunión de ambos (Rita y yo) con este arte que nos apasiona, es así que nos embarcarnos en las diversas historias que estas películas nos ofrecen. Soy, como decía hace poco, un cinéfilo que si bien ha dejado de ir a los cines, no ha dejado de frecuentarlo (a diferencia de varios, como alguna vez escribió alguien, amo verdaderamente el cine y no las películas, obviamente estoy parafraseando).







   ¿Cuáles son las razones por las que no voy a los cines? Las razones son muchas, he aquí algunas de ellas: 1. La pésima cartelera cinematográfica de nuestro país. Es realmente vergonzante como muchas películas que se visionan en otros países vecinos, aquí es imposible que ello ocurra. 2. Ahora las salas no proyectan las películas en el idioma original y con subtítulos, por lo general lo hacen dobladas, cosa que me desagrada. 3. Una vez en la sala, el riesgo es alto de toparte con gente que asiste al cine, pareciera, solo para comer, otros hablan y hasta se ponen a contar en voz alta anticipándose a lo que se está viendo o, grandísimo pecado, algún energúmeno manipulando su celular, bastante común, por cierto…, en fin, para renegar, mejor veo cine en casa.






   Pero no solo he estado viendo películas, luego de verlas, inmediatamente escribo algunos apuntes, breves, brevísimos, a manera de diario, sin ninguna pretensión. Quiero rescatar esos apuntes en esta entrada, la primera del año 2019, como una invitación para que se atrevan a visionar las películas comentadas u otras películas, el asunto es involucrarse con el cine, que, recuerden, no solo es una actividad puramente distractiva, no es tampoco una pérdida de tiempo (como alguna vez escuché a alguien cuyo nombre quiero olvidar), es un arte y como tal comunica algo o mucho, nos hace conocer, reflexionar, cuestionarnos...; es decir, es una forma de conocimiento que nos hace (quiero creerlo) crecer como seres humanos. He aquí estos apuntes.





  
8 de enero

Gran e inteligente película la que acabamos de ver: Cuento de primavera de uno de los directores de la Nouvelle vague: el siempre bienvenido Éric Rohmer. Por fin pudimos saldar una vieja deuda, costó tanto conseguirla. Una película de final abierto que nos ha dejado encantados.






9 de enero

Acabamos de ver otro genial film de Éric Rohmer: La marquesa de O, basado en un cuento del mismo nombre del atormentado romántico alemán Heinrich Von Kleist. Una película impagable que ganó el Festival de Cannes de 1976. Una curiosidad de esta cinta es ver a Bruno Ganz y Otto Sander, los dos ángeles de El cielo sobre Berlín (dirigida por Win Wenders), bastante jóvenes. Estoy seguro que la seguiré frecuentando. 






10 de enero

Acabamos de ver un maravilloso melodrama de 1955, una película de Douglas Sirk: Solo el cielo lo sabe, con Rock Hudson y Jane Wyman. Cine clásico norteamericano con esa mágica capacidad narrativa que identifica al buen cine de los gringos.






11 de enero

Un western de viejo cuño, uno de los mejores que hemos visto (y hemos visto muchísimos): El último tren de Gun Hill (1959) del director John Sturges. Con las actuaciones de Kirk Douglas, Anthony Quinn, Carolyn Jones... Nos quedamos muy impresionados con este maravilloso film. Pensar que me enteré de este largometraje cuando tuve quince o diecisiés años. Valió la espera.





12 de enero

Un film de William Wyler, clásico de clásicos: Vacaciones en Roma (1953) en un impecable blanco y negro. En medio de la grandeza arquitectónica romana, brillan Gregory Peck y sobre todo la debutante Audrey Hepburn (en estado de gracia). Brillante, encantadora, única. Volveremos a ella, que no quepa duda.





13 de enero

Un film de 1943: Incidente en Ox-Bow, un western que nos hace reflexionar sobre los peligros que corremos al querer tomar la justicia por nuestras propias manos. Henry Fonda y Dana Andrews, magníficos en sus respectivos papeles. La primera y última imágenes, inmejorables; memorable toda la película.






14 de enero

Los mejores años de nuestra vida (1946). Tres militares, que se han hecho amigos en un avión, regresan de la Segunda Guerra Mundial a su ciudad, intentan reincorporarse a la sociedad, pero el asunto no es muy fácil, muchas cosas han sucedido en su ausencia. En torno a esta nueva lucha se desarrolla esta oscarizada (siete premios Óscar) película de William Wyler, un deleite que demuestra la gran capacidad narrativa del buen cine norteamericano. Impagable.






15 de enero

El director francés Éric Rohmer, dentro de su serie Cuentos morales, filmó en 1966 La coleccionista, película donde el protagonista, Adrién, conoce a Haydée, una bella chica que pone a prueba su fidelidad pues este tiene una novia que está vacacionando en Londres. Un film que dura algo más de una hora y que nos hace reflexionar y pasar bellos momentos con los diálogos inteligentes de los personajes. ¿Algo más que mencionar? La belleza de la entonces veinteañera Haydée Politoff.






16 de enero

Del llamado cine negro (muy en boga en los años 40), un film de 1946 dirigido por Howard Hawks: El sueño eterno. Una enrevesada historia de asesinatos y desapariciones pone nuevamente frente a la pantalla a Humphrey Bogart y Lauren Bacall cuyos personajes (Philip Marlowe y Vivian Sternwood) tienen diálogos que son brillantes juegos verbales cargados de mucho humor. Una película con la que hay que estar muy, pero muy atento pues cada detalle sirve para armar el rompecabezas de una emocionante historia. Fantástica.





17 de enero

Una película de 1971, del director italiano Vittorio de Sica: El jardín de los Finzi-Contini. Una familia italiana, de raíces judías, posee una mansión rodeada de un inmenso jardín donde los hijos (Micol y Alberto) invitan a otros jóvenes a compartir con ellos juegos y conversaciones, entre ellos, un amigo muy querido: el tímido Giorgio. En este espacio es donde inicia el aislamiento de estos jóvenes que ven pasivamente como los fascistas se adueñan de Italia confiados en que como italianos no les ha de pasar nada, pero la realidad es otra: Italia entra en la guerra y sus familias desintegradas. Una bella y terrible película que nos ha dejado conmovidos e inquietos.






18 de enero

En 1957, Ingmar Bergman dirige una de sus más bellas películas: Fresas salvajes. Este largometraje narra un largo viaje en el automóvil de un médico ya anciano (Isak Borg) que va junto con su nuera y tres muchachos, que encuentran en el camino, hacia la Universidad de Lund donde el anciano recibirá un reconocimiento académico por su labor. Este viaje sirve para que el protagonista reflexione sobre la condición humana, sobre la vida y la inevitable muerte. Una película conmovedora que nos deja una sensación gratificante y a la vez muy inquietante. Joya del cine.






19 de enero

Yasujiro Ozu dirigió en 1953 su mejor película: Cuentos de Tokio. Una pareja de ancianos viaja a Tokio para ver a sus hijos, pero son recibidos con fastidio e indiferencia. Una de sus nueras, Noriko (esposa de un hijo muerto en la Segunda Guerra Mundial), será la única que los atenderá con afecto. Sin melodrama y sin reproches, los padres deciden regresar a su pueblo y algo inesperado ocurre que confirmará la brecha que hay entre unos padres ya ancianos y sus hijos egoístas e insensibles. Una de las grandes películas del cine mundial.






20 de enero

En 1951 se estrena Diario de un cura rural, del director francés Robert Bresson. El film aborda las tribulaciones de un joven cura en la parroquia donde lamentablemente no es bien recibido. Su mala salud (su estómago solo resiste el pan duro, vino y algunas frutas), el rechazo de los pobladores, los falsos rumores divulgados por una adolescente mentirosa y calculadora lo llevan a una crisis de fe que alteran su vida ya de por sí complicada. Sin duda, una excepcional película, una rotunda joya del cine.






21 de enero

Los coristas es una película estrenada en 2004 y fue dirigida por el francés Christophe Barratier. Un film donde se aborda dos maneras de enfrentar la indisciplina de niños y jóvenes en un colegio de internos con mala conducta: uno a través de normas rígidas, duras y esquemáticas (como lo hace el director Rachin) frente a otro, el trato humano, compasivo e imaginativo a través de la música (empleado por el profesor Clément Mathieu), esto último como un medio de transformación de las vidas de aquellos que en la sociedad han sido juzgados y condenados como casos perdidos. Una película conmovedora que permite espacios para la reflexión. Imperdible.






22 de enero

El matrimonio de María Braun (1979), film del director alemán Rainer Werner Fasbinder que aborda el terrible periodo de la posguerra y la "milagrosa" recuperación económica alemana. La vida de María es, en realidad, una metáfora de este periodo duro en el que algunos (o muchos) debían renunciar a sus principios para sobrevivir, para imponerse y reconstruir un país y sus propias vidas. Una película irónica y hermosamente dura de este ya legendario director germano. Por cierto, María Braum, o sea, Hanna Schygulla, está en el apogeo de su belleza. Grandísima película.






23 de enero

Del surrealista Luis Buñuel, uno de los directores que más admiro, el film El bruto (1953). Película que cuenta la historia de Pedro, carnicero fornido pero de pocas luces que es manipulado por Andrés, un hombre ya mayor, propietario de varios inmuebles que se aprovecha de él para proteger sus intereses a costa de los que menos tienen. La película desarrolla una crítica a las profundas desigualdades de una sociedad donde la ley está en manos del que tiene más dinero y/o del más fuerte. En algún momento la historia se abre a la esperanza: Pedro halla en el amor la redención para su oscura vida, pero ¿habrá una oportunidad para él? Un film inquietante y muy influenciado (esto como mérito) por el cine "noir". Imperdible.






24 de enero

En 1946 se estrena El filo de la navaja, del director Edmund Goulding. Larry Darrell (Tyrone Power) regresa de la gran guerra (la primera) donde ha luchado como piloto: la paz ha llegado a las naciones, pero no a su vida. El desasosiego lo gobierna, no tiene empleo porque no quiere, lo cuestiona todo, incluso el amor: ama a una bellísima mujer (Isabel, interpretada por la esplendorosa Gene Tierney) y es amado, pero no tiene claro hacia dónde va su vida. En busca de respuestas realiza un largo viaja por el mundo. Cuando regresa, muchas cosas han cambiado: la decadencia, el deterioro ha alterado la vida de muchos de sus amigos y de la mujer que amó. Una bella película que nos deja muchas cosas, entre ellas esta frase: "La bondad es, al fin y al cabo, la fuerza más poderosa del mundo". Soberbio.






25 de enero

Jean Vigo vivió poco, apenas 29 años, la tuberculosis acabó con él, pero antes nos dejó un mediometraje (Cero en conducta) y un largometraje que acabamos de ver: El Atalante (1934), considerada como una de las más importantes de todos los tiempos. El Atalante es un navío de carga donde Jean, el dueño del barco, pasará su luna de miel con Juliette que sueña con llegar a París y divertirse. En su travesía, un personaje crucial los acompaña, un viejo lobo de mar antisocial y amante de los gatos: el tío Jules. Aparentemente nada ocurre en la película, pero la historia posee imágenes de una intensidad y lirismo insuperables que bucean en las profundidades del amor como un espacio no solo de encuentros, también de desencuentros. Y en todos ellos, el fuego. Impostergable, si dices amar el cine.






26 de enero

El año 2007, Javier Bardem ganó el Óscar por su papel de Anton Chigurh, uno de los villanos más detestables del cine. ¿La película? Sin lugar para los débiles, un film dirigido por los hermanos Coen (quienes tienen otro par de joyas: Fargo y Temple de acero). Moss (Josh Brolin), soldador, cazador y veterano de guerra, encuentra y se apropia de dos millones de dólares, dinero de un abortado negocio de narcotraficantes. El escalofriante Chigurh es contratado para recuperar el dinero y eliminar a Moss, entonces se inicia una despiadada persecución donde ningún espectador puede quedar impasible. Mientras, el sheriff Bell (Tommy Lee Jones), a punto ya de retirarse, se hace cargo del caso e intenta atrapar a uno y proteger al otro. El final es inquietante. Gran película donde se percibe una saludable influencia del viejo y querido western. De las mejores cintas de la década pasada.





27 de enero

Dulce pájaro de la juventud (basada en la obra teatral de Tennessee Williams) es un film de 1962 dirigido por Richard Brooks (quien también dirigió otra obra de Williams: La gata sobre el tejado de zinc). Chance Wayne (Paul Newman), joven guapo y vividor, regresa a su pueblo con la compañía de la atormentada actriz Alexandra del Lago (Geraldine Page) con quien tiene un acuerdo para que ella lo apoye en el despegue de su carrera en Hollywood. Pero Chance tiene también otra motivación, ha regresado al pueblo para buscar a la mujer que ama: Heanvenly (Shirley Knight), hija de un político poderoso y corrupto que lo desprecia por considerarlo un don nadie. La lucha por ser alguien e imponerse en una sociedad hipócrita, de alguna manera, es el leitmotiv de esta tensa película donde cada uno de los tormentosos personajes "vive su propio infierno".






28 de enero

El año 2000, Wong Kar-wai estrena la película Deseando amar, una rotunda joya del cine, una intensa historia de amor entre dos personajes, en el fondo, solitarios: el periodista Chow Mo-Wan (Tony Leung Chiu-Wai) y la secretaria Su Lizhen (Maggie Cheung Man-yuk), ambos son vecinos, ambos descubren que sus respectivas parejas los engañan, ambos entablan una amistad que les hace ver la necesidad de estar uno junto al otro, a un paso del amor. Pueblan este film silencios, miradas, pensamientos, deseos que alimentan la urgente sensación de acercarse, tocarse, abandonarse a lo que en la pantalla no vemos pero sospechamos si ambos personajes se atrevieran: amar y ser amados. Una bella película de amor. ¿Algo más? Sí, la estilizada belleza de Su Lizhen y el esplendor de sus vestidos. Realmente imprescindible.






   Mañana (y los días siguientes) continuaremos con nuestras sesiones cinematográficas, nos esperan varias películas de Woody Allen, Luchino Visconti, Carl Theodor Dreyer, Marcel Carné, Stanley Kubrick... Una larga lista que nos entusiasma, pues si bien enero está por terminar, aún nos queda el caluroso febrero; es decir, todavía tendremos días de cine, mejor dicho: tardes de cine. Así sea.









   Continuará…






                                      Morada de Barranco, 28 de enero de 2019.







jueves, 27 de diciembre de 2018

ALGUNAS EDICIONES DE 5 METROS DE POEMAS






                                                                 Voz de ángel rosa recién cortada
                                                                         Carlos Oquendo de Amat







   Acabadas las clases y ya de vacaciones, estuve disfrutando de algunos libros cuya lectura había postergado por muchos motivos, sobre todo por las múltiples ocupaciones de mi labor como profesor en dos colegios. “Aquí vivieron” es uno de esos libros, un conjunto de cuentos de Manuel Mujica Lainez que iba leyendo en los días previos a la Navidad como si tuviera todo el tiempo del mundo; es decir, muy temprano (5 de la mañana) me levantaba, mientras Rita y Kathia todavía dormían, y con el libro en la mano me dirigía hacia la mesa hasta las 8:00 o 9:00 de la mañana en que prendía mi computadora y avanzaba o corregía la novela que estoy escribiendo.






   Con la Navidad llegaron algunos regalos, sobre todo libros que siempre son bienvenidos. Por ejemplo, “Diario de Santa María” novela del recientemente fallecido Edgardo Rivera Martínez, una novela que infructuosamente busqué por muchas librerías de Lima; sin embargo, mi hermana Gloria me sorprendió y ahora la leo, mejor dicho, devoro el libro por estos días. Los otros regalos que llegaron a mis manos en estas fiestas son “La caza sutil” de Julio Ramón Ribeyro y “Tarde o temprano”, libro que recoge la poesía de José Emilio Pacheco entre 1958 a 2009, ambos obsequios de mi hermano Arturo. Ya les llegará, y pronto, el tiempo de su lectura.









   Otro regalo que me alegró mucho fue el que me hizo mi hermano Paco: “5 metros de poemas” de Carlos Oquendo de Amat (Lluvia editores, noviembre de 2018). Libro vanguardista, el único que publicó el poeta puneño en 1927 (aunque parece ser que recién circuló en 1928). ¿Es que acaso no tenía el libro? ¿Recién lo iba a conocer? Todo lo contrario, es el libro de cual tengo la mayor cantidad de ediciones, en total doce. Según algunos, soy el poseedor de la mayor cantidad de ediciones de este libro innovador en el Perú.





   “5 metros de poemas” es lo que se denomina un libro-objeto, desplegadas sus páginas a manera de cinta, esta mide aproximadamente cinco metros. El título (y todo el libro) sería una crítica sutil al capitalismo (al consumismo) donde todo se podría vender, incluso la poesía. De ahí que la larga cinta que conforma el cuerpo del libro podría referirse también a una cinta métrica de esas que solían emplear los carpinteros. Pero el libro está también está relacionado al cine, todo el poemario sería una sesión paródica de cortos cinematográficos donde cada poema bien podría ser un cortometraje (incluso hay una página que dice 10 minutos de intermedio) que ejercería con humor y ludismo su sutil crítica. Menciono al cine, pero obviamente hablamos del cine mudo cuya magia conquistó entonces el interés de Carlos Oquendo de Amat (de Xavier Abril, de Enrique Peña Barrenechea, de Martín Adán), del mundo entero.






   Es curioso, pero en un inicio no fue propósito mío coleccionar las ediciones de este maravilloso libro. Estos fueron llegando muchas veces de manera casual, me topaba con una u otra edición en librerías de viejo, en algún quiosco eventual, en algunas librerías hoy desaparecidas. Las últimas ediciones sí, debo reconocer, las he ido buscando. ¿Tiene alguna finalidad este afán? Por ahora poseerlos (y leerlos, mejor dicho, releerlos) y en algún momento donarlos a algún centro cultural que ojalá llevara el nombre de Oquendo y quede como material bibliográfico de su biblioteca y que sus visitantes vean todas las ediciones de este libro único.






   La primera vez que vi este libro fue en la mítica librería El caballo rojo. Era la edición de Petroperú del año 1980. Recuerdo que tomé el libro, lo revisé rápidamente y lo dejé en el mismo lugar. Luego me arrepentiría, pues por más que lo busqué, nunca pude encontrar un ejemplar. Un tiempo después, allá por el 83, hallé en la librería de viejo del señor Muñoz, que se encontraba en la cuadra 8 de jirón Azángaro, una edición pequeña que respetaba el formato del libro aunque no reproducía la carátula, era la segunda edición del poemario, 42 años después, de Editorial Decantar de 1969. El libro es pequeño pero tiene grandes errores (por ejemplo, altera el orden de los poemas).






   Corría el año 1986, yo regresaba de visitar el convento de los Descalzos, en el Rímac, cuando en la plazoleta donde se encontraba el monumento a Francisco Pizarro, ubiqué un quiosco de la Municipalidad de Lima que vendía ejemplares de una edición facsimilar del poemario, aunque en edición más pequeña. ¿Su valor? S/. 10 intis. Compré dos ejemplares que hasta hoy conservo. Esta edición corresponde a la colección de Munilibros 3, estaba auspiciada por la Municipalidad de Lima Metropolitana cuando el alcalde era Alfonso Barrantes Lingán, el popular “Frejolito”. Acompañaba al libro un cuadernillo con unas palabras de Alberto Tauro y los cuatro poemas sueltos que hasta entonces se conocían.






   Años después, aún en la década de los 80, hallé en la desaparecida librería El Sótano, que se ubicaba en una esquina de la Plaza San Martín, un libro que recoge todos los poemas del libro de Oquendo, aunque sin respetar su formato y los cuatro poemas sueltos, me refiero a “Vuelta a la otra margen” (selección de Mirko Lauer y Abelardo Oquendo que recoge también poemas de César Moro, Martín Adán, Emilio Adolfo Westphalen, Jorge Eduardo Eielson, Leopoldo Chariarse), una edición de la Casa de la Cultura de 1970.






   En abril del año 1991, compré en la pequeña y ya desaparecida librería Germinal (que funcionaba en la calle Tambo de Belén) una edición de “5 metros de poemas” que incluía poemas sueltos publicados en revistas de la época. Me refiero al libro titulado “Voz de ángel / Obra poética completa”, una edición (que respeta el formato del libro, pero no el tamaño original) publicado por Editorial Colmillo Blanco del año 1990. Obviamente, quien me atendió y vendió el ejemplar fue la siempre recordada amiga Virginia Vílchez.






   A partir de aquí, ya los libros que vinieron fueron producto de una búsqueda. Como sucedió catorce años después, mes de julio del año 2005, en que realicé un largo “viaje” desde Barranco hasta las instalaciones de la Universidad Ricardo Palma (Surco), para comprar la entonces reciente edición facsimilar de “5 metros de poemas”, este sí del mismo tamaño del de la primera edición. Era el primer ejemplar idéntico al del año 1927 que tenía en mi poder. ¿Su precio? Pues S/.20 soles, una bicoca.






   Diez años después, la librería Contracultura había abierto un local en la cuadra cinco de la avenida Grau de Barranco. Días previos a la Navidad fui a hacer unas compras. Allí halle una edición de “5 metros de poemas” del cual ya estaba enterado. Es una edición que reproduce el formato aunque no el tamaño, la carátula esta intervenida. Los poemas están tipeados en una vieja máquina de escribir (quiero pensar en una Underwood). El libro al que hago referencia es una edición de la misma librería, del año 2013.






   Al año siguiente, agosto de 2016, compré una edición bilingüe de “5 metros de poemas” en la librería Inestable de Carlos Carnero. Es una edición estadounidense: “5 Meters of Poems”, Lost Literature Series, Ugly Duckling Presse, Brooklyn, Nueva Yory, 2010. La traducción fue realizada por Alejandro de Acosta y Joshua Beckman. El libro está impreso por ambos lados, la cara principal en inglés y el reverso en castellano, incluye también los cuatro poemas sueltos. Es una edición que replica en formato y tamaño al original.






   En abril de 2017 compré en la desaparecida librería La Libre de Barranco, una edición con el título de “5 metros de poemas y otros textos” de la Colección La Fuente Escondida de la Biblioteca Abraham Valdelomar, Ica, 2012. El libro, por cierto, contiene el poemario sin reproducir el formato, también los clásicos cuatro poemas sueltos y otros descubiertos en el transcurso, a ellos se añade dos prosas: “Nueva crítica literaria” y “Alberto Hidalgo. Los sapos y otras personas”. El libro tiene una presentación de Sylvia Miranda.






   A mediados del año pasado, compré a través de Facebook dos ediciones del poemario. El primero de ellos, una edición cuyo título es “5 metros de poemas” que pertenece a la colección El Manantial Oculto N° 27, auspiciada por el Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú, del año 2002. Esta colección dirigida, como la anterior (La Fuente Escondida), por Ricardo Silva-Santisteban, reproduce el poemario (no el formato), poemas sueltos y las dos prosas anteriormente mencionadas. Viene acompañada de una presentación de Daniel Salas Díaz.






   El segundo ejemplar de esa compra fue el de Ediciones Copé, Petróleos del Perú, por fin, treinta y siete años después en mis manos. En realidad esta es la tercera edición de “5 metros de poemas” y la primera idéntica al de 1927; es decir, cincuenta y tres años después se pudo contar con una edición que, en la medida de lo posible, siempre debe conservar su formato y tamaño, pues en este libro visual, lúdico, nada está al azar: la distribución espacial de sus versos, la diversidad tipográfica, la sensación de movimiento a través de sus páginas desplegables que nos remonta a una cinta de celuloide: en este poemario todo tiene un porqué, nada es gratuito.






   Este año que va acabando también tuvo agradables sorpresas. En junio conseguí la bella edición intervenida de la Máquina Purísima del año 2014, dirigida por la poeta Cecilia Podestá. ¿Cómo llegó a mis manos? Alguien, cuyo nombre me reservo, me vendió el ejemplar de esta edición agotada. “Con tanto libro, ya no hay sitio en casa”, me dijo. Y bueno, ahora forma parte de la colección.






   Y como lo mencioné al iniciar esta entrada, hace tres días me obsequiaron por Navidad la edición reciente e intervenida de Lluvia Editores. Una edición bella e impecable, salvo por un error: en la solapa del libro hay un dibujo basado en una fotografía de alguien que definitivamente no es el poeta Carlos Oquendo de Amat. Es un error que se viene repitiendo, lamentablemente. Pero es una bellísima edición.






   A pesar de las varias ediciones que poseo, no las tengo todas (partiendo del hecho que sería un imposible conseguir un ejemplar de la primera edición), entre ellas hay algunas traducidas al inglés, al italiano. Según mi amigo, el poeta Omar Aramayo, incluso hay una edición en japonés que no conozco, pero si él, oquendiano de corazón, lo dice, le creo. Este mítico libro se ha editado en México, en España, en Argentina, sé de la existencia de dos ediciones en Puno, ambas pequeñas, la última de ellas se presentó en junio de este año…, en fin, son ediciones que en algún momento espero conseguir. 



































   Por cierto, a diferencia de ciertos fanáticos coleccionistas que ni tocan los objetos de su colección, edición nueva que llega a mis manos es libro que palpo, huelo y leo, que disfruto de su lectura; es decir, me sumerjo complacido en las frescas y transparentes aguas de los versos inmortales del gran Carlos Oquendo de Amat. 







Continuará…





                                              Morada de Barranco, 27 de diciembre de 2017.